La riqueza del hombre es la fe

La riqueza del hombre es la fe

Junio 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En muchas oportunidades le escuchamos a Benedicto XVI hablar de la importancia de un nuevo empuje evangelizador en el cual se sienta la fuerza del ‘kerygma’, que es la experiencia hecha testimonio del creyente que se ha encontrado con la realidad de un Jesús vivo y resucitado, que ha transformado su vida.Cuando se interroga a los católicos que se pasan a diversas denominaciones evangélicas, hay dos expresiones comunes: “Ahora sí he encontrado a Jesús, Él me ha transformado, me ha cambiado” y “Allí en donde estoy sí me enseñan la Biblia, la puedo leer, la estudio”.Retomando el llamado del Papa a dar el testimonio vivo de la fe, y al observar el avance de las diferentes denominaciones cristianas que llenan sus lugares de culto, en medio de los templos católicos que escasamente se ven activos los domingos o en ceremonias como entierros y matrimonios, nos preguntamos qué está pasando en la práctica de los católicos, en donde no se ve el entusiasmo de una vida renovada, que transmita la herencia ancestral recibida, de tal manera que transforme la cultura actual.Antes de su viaje a San Marino, para la fiesta de Pentecostés, el Papa hablaba de la defensa de la fe por una vivencia testimonial del ‘kerygma’, puesto que estábamos recibiendo sacramentos pero sin contenido vivencial de una fe experimentada. En su homilía dice: “La riqueza del hombre es la fe… sustituir la fe y los valores cristianos por presuntas riquezas conduce al fracaso de la búsqueda del bien y a experiencias como las numerosas crisis familiares agravadas por la fragilidad espiritual de los cónyuges y las dificultades en la formación de los jóvenes”.Las grandes herencias si no se aprecian, no se hacen crecer; en la fe nos pasa algo similar, recibimos la tradición sin educar, formar, testimoniar lo que teníamos y así se diluyó la riqueza del ‘kerygma’ que nos contagiaba, porque nos dejamos contaminar del mundo; las dificultades, el afán por el número nos hizo olvidar la necesidad de la conversión y en medio de un mundo de transformaciones que han determinado nuevas orientaciones y han modificado la mentalidad, costumbres y la sensibilidad, hacen que no falten los obstáculos que ofrece un mundo con diversos modelos hedonistas, que llevan a ofuscar la mente y amenazar toda clase de moralidad.Hay una tentación, dice el Papa, “de considerar que la riqueza del hombre no es la fe, sino su poder personal y social, su inteligencia, su cultura y su capacidad de manipulación científica, tecnológica y social de la realidad”. Y finaliza diciendo que: “Esos al final, se revelan incapaces de sostener la gran promesa de lo verdadero, del bien, de lo bello y justo que durante siglos nuestros mayores han identificado como la experiencia de la fe.

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