“He venido a traer fuego”

Agosto 19, 2022 - 11:35 p. m. 2022-08-19 Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

“He venido a prender fuego en el mundo: ¡Y ojalá estuviera ya ardiendo!”, dijo Jesús a sus discípulos, Lucas 12,49-53, y el papa Francisco tomó estas palabras en el ‘Angelus’ del 14 de agosto de este año, para decirle a los cristianos y a los hombres de buena voluntad que Jesús nos invita a que la fe no se convierta en una realidad secundaria. Pero el interrogante que nos debemos hacer es: ¿De qué fuego está hablando? ¿Y qué significan estas palabras para nosotros?

El Evangelio, lo sabemos y lo hemos comprendido que es como un fuego que me incita al cambio, en su libro Refundar la Iglesia, Gerald A. Arbuckle, nos dice que precisamente se necesitan los disidentes, que serían la oposición, para lograr los verdaderos y necesarios cambios, en las instituciones y por supuesto en la Iglesia.

Ese es el fuego que ha venido a traer Jesús a la tierra y como lo dice en el evangelio, cómo desearía que estuviese ardiendo; y en sus varias oportunidades que ha hablado sobre la política, en la cual la ha definido como el arte que expresa la mejor forma de la caridad cristiana, buscando el bien común, el de todos, pero a su vez se dice que encuentra fea la política actualmente y entonces se cuestiona: ¿Y dónde están los cristianos que evangelicen en la política?, esto es como decir, dónde están encendiendo ese fuego y que esté ardiendo ya, para que se renueve la sociedad y pueda vivir mejor el hombre.

La buena noticia que trajo al mundo Jesús, que es el amor de Dios por cada uno de nosotros, es como un fuego, porque cuando irrumpe en nuestras vidas, en nuestra historia, “Quema los viejos equilibrios de la vida, nos desafía a salir del individualismo, a superar el egoísmo, a pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la vida nueva del Resucitado”.

Como se puede ver, el evangelio no deja las cosas como están. El evangelio incita al cambio y a la conversión.

Hace ya algunos años se está percibiendo un movimiento para silenciar lo religioso, para acallar o tratar de apagar este fuego que viene en el Evangelio, el cual no concede una falsa paz intimista, sino que enciende una inquietud que nos pone en camino, nos impulsa a abrirnos a Dios y a los hermanos.

Es precisamente como el fuego: mientras nos calienta el amor de Dios, quiere quemar nuestros egoísmos, iluminar los lados oscuros de la vida que todos tenemos, consumir los falsos ídolos que nos esclavizan.
Por esto, el verdadero creyente, se compromete con Dios, porque siente ese amor de él, vivo, en la liberación del hombre y lleno del espíritu Santo, que es como un fuego. Es así, como Cristo Jesús con este calor, esta luz nos revela el rostro misericordioso de Dios y les da plenitud a los que se consideran perdidos, derriba las barreras de los marginados, cura las heridas del cuerpo y del alma, renueva la religiosidad reducida a prácticas externas. Y porque entonces no es una canción de cuna sino un fuego que despierta, es por lo que quieren apagarlo para así seguir conservando el poder que destruye y esclaviza la dignidad del hombre.

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