Tentación de bolsillo

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Tentación de bolsillo

Diciembre 03, 2019 - 11:55 p. m. Por: Jorge E. Rojas

Está por circular un manual de coordenadas para caer en tentación: el Mapa de Provocaciones del Valle resume un listado de recomendaciones a partir de un recorrido vivencial por aquel departamento que no cabe en las postales turísticas, ni mucho menos en las referencias de la cartografía clásica habitual. No es una ruta para posteos cool, tipo numeral-influencer-numeral-YoAmoAlValleCuandoTomoChampús. Tampoco una tabla de mandamientos gastronómicos. Es simplemente un catálogo de consejos para emprender un viaje alternativo, incluso, alrededor de los lugares más comunes de la región. Impresa como una herramienta de bolsillo, estas son algunas de las invitaciones que componen el mapa:

Buenaventura. A 40 minutos en lancha está Juanchaco. Y frente a la playa principal, el Asadero Mixto donde Mercedes Gómez casi siempre tiene lisa y sierra frescas para fritar y servir con tostadas de plátano y ensalada verde. Al almuerzo o la cena, sin embargo, nada con tanto gusto en su restaurante como el guiso de raya: tierno y ahumado, dulce latigazo al paladar que ella sirve con arroz blanco caliente. Buga. En la esquina de la Calle Sexta con Carrera Diez, un templo casi tan venerado como la Basílica del Milagroso: la panadería Stella va a cumplir 40 años vendiendo todo de la misma forma como se lo inventó aquella santa que fundó el lugar y le dio nombre. En Navidad, tortas de pastores, de coco y de manjar blanco que solo se consiguen por encargo. Todos los días a las dos de la tarde, pan caliente; y cada media hora, pandebono. Imperdibles las repollitas: una delicada tentación en la justa medida del pecado, coronada por azúcar pulverizada al tope.

Caicedonia. Los panzerotti son aquellas empanadas de harina y origen italiano, que llevan el corazón relleno de carnes o dulce. Pero en este caso, más importante que el camino que la receta cruzó hasta el norte del Valle, es la forma en que allí la hacen, con la masa muy suave y la corteza puesta a punto en aceite hirviendo. El panzerotti de jamón y queso es un espectáculo absurdo, delicioso y fugaz, así como varias de las mejores cosas en la vida. La panadería se llama Las Delicias del Pan y queda detrás de la plaza de mercado. El Cairo. En una esquina del parque, el Café Don Efra es atendido por su propietario: Efraín Duque, un paisa amable que cosecha, seca, tuesta y muele el café que sirven en su negocio. Y los que saben dicen que es un excelente café. Pero los que saben, dicen que lo más rico que se pasea por las mesas son los platos de calentado con huevo frito, que sirven acompañados de chocolate y arepa con mantequilla. Por quinientos pesos más, don Efra le suma al plato un chicharrón.

La Cumbre. A pesar de que los suspiros de Poño, el dueño de la Panadería Central, salen de la idéntica mezcla universal del huevo y el azúcar, no saben igual que ningún otro suspiro del mundo: conservan una gota de humedad chiclosa en el centro, y su cascarón no se quiebra en el paladar sino que se deshace lentamente ante cada mordisco. Sevilla. A media cuadra de la Policía y en la esquina del Parque Uribe, el pintado no es un café con leche sino un viaje a otras épocas. El Café Casablanca lleva medio siglo abierto y allí todo tiene otro sabor: saben diferente el tinto, los tangos, el aguardiente y también la vida. La colección discográfica del lugar es una fantástica y estremecedora banda musical del paso del tiempo.

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