Sergio Urrego

Sergio Urrego

Septiembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Hace ya mes y medio que murió en Bogotá. Era hermoso: inteligente e incomprendido; por las noches se alimentaba leyendo, tenía un gato adoptado. En el colegio lo señalaron, lo persiguieron, lo acorralaron, lo mataron. Lo suyo fue eso, un asesinato y no un suicidio. Decían que era diferente, gay. En la red social ASK, sin embargo, alguna vez escribió “no creo que el amor tenga etiquetas”. Pero hay gente que no entiende, que nunca va a entender. Así que lo etiquetaron y ese fue el comienzo de sus últimos días. Era un niño.El viernes, en medio de un plantón que organizó a las afueras del colegio, la mamá dijo que su hijo había denunciado el caso de matoneo del que venía siendo víctima y que ella ahora quiere saber por qué nunca lo escucharon. Esta semana, en albertobatalla.blogia.com, Alberto Rodríguez, escritor, profesor, amigo, posteó sobre la historia este texto abrumador que con su autorización reproduzco y ante el cual mis palabras sobran:Se llamaba Sergio Urrego, tenía 16 años, pelo negro, unos ojos grandes cuajados de inocencia que irradiaban una luz tímida sobre el rostro de niño asustado. En la foto que publicó El Espectador parece estar succionándose el dedo gordo de la mano izquierda. Dejó tres notas a su madre. Cuando ella entró a la casa ya no lo encontró. En la mesa de comedor encontró la primera. Le decía “se presentó un problema, no pude ir al colegio”. Cuando estuvo en su cuarto, encontró la segunda, decía “estas cosas solo las puede tocar mi madre o mi padre…”. Y ahí mismo, en el cuarto, halló la tercera: “Espero que lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad…” Más adelante “…me lamento de no haber leído tantos libros como hubiera deseado”. Y termina diciendo “…ya puedo observar la infinita nada”. Era gay, estaba enamorado y pertenecía a la anarquista Unión Libertaria de Estudiantes.En un aparte de la carta final, explica que la decisión es la respuesta a la denuncia por acoso sexual que los padres de su expareja interpusieron. “Lo hago de manera escrita por el suicidio que he cometido…” agrega. Cuando escribe en el presente ya se da por muerto, siempre lo estuvo, aclara. Lo mató la discriminación, desde que se enfrentó al mundo en su condición de gay. Pero también dejó dicho: “Mi sexualidad no es mi pecado, es mi paraíso”. Todavía está en FB.De un colegio en Tenjo lo trasladaron sus padres al Gimnasio Castillo Campestre. Y en el colegio encontró el infierno que siempre ha sido para muchos, y que a él lo llevó a morir. Un profesor inicia la cacería de brujas cuando decomisa un teléfono, donde hay una foto de Sergio besándose con su novio. De ahí en adelante el colegio lo quemó con guantes y psicología, como si fuera una bruja de la España negra. Ensayaron una política de la crueldad, de la inhumanidad, refinadamente antieducativa, fascismo institucional. Encontró el colegio la forma de hacerle pagar por ser anarquista y gay, al punto que sus padres, antes del grado, debieron sacarlo del campo de concentración. Exigieron el reembolso de los derechos de grado, y el colegio se los robó, argumentando que ya se habían causado costos.Los padres del novio, que no podían matar a su propio hijo por lo que consideraron sucio, pecaminoso e inmoral, volcaron toda su ansia castigadora, su ansia fascista, contra Sergio, hasta que lo mataron. Decidieron que el amor de los dos muchachos, no era más que acoso sexual por parte de Sergio.Así que después de dejar las tres notas en que se reconoce muerto de siempre, salió de la casa sin comer, como a eso de las siete de la noche, caminó hasta el centro comercial Titán Plaza, subió a la terraza, caminó hasta el borde y se lanzó.

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