Meme

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Septiembre 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

En medio de los chistes, memes y montajes que ahora nos invaden como peste mientras revisamos las noticias o buscamos un domicilio, a veces no solo deslumbra el ingenio de sus autores sino la renovada capacidad humana para burlarse de lo desconocido.Ayer Falcao amaneció convertido en uno de los objetivos de los ciber-bromistas que se dedicaron a hiperbolizar con memes el episodio del tuit que supuestamente publicó dando por hecho su llegada al Real Madrid, pero de inmediato borrado con un trino en el que argumentó que todo fue un montaje. “Sueño hecho realidad #HalaMadrid”, se alcanzó a leer por unos minutos en su cuenta oficial.Las maneras en que sucede en cada caso son muy distintas y tal vez nunca nadie pueda universalizar los métodos de contagio de lo que algunos consideran plaga y otros religión. Hay quienes se han enamorado del fútbol solo por seguir el color de una camiseta y hay quienes han caído rendidos después de haber temblado con la convulsión de una tribuna que brama la inexistencia de un fuera de lugar.Yo soy devoto por los campeonatos de a dos gol-de-remate-vale, la primera vez en el estadio, el llanto feliz, Tostaíto vendiendo maní, esa chilena que no entró, Gareca roto en el afiche rasgado, llanto que no es feliz, pasar de tener un nombre a tener tres: tronco, cebo y queso; amigos salpicados por el mismo barro, Maradona contra el mundo en el Mundial, la escuela del Viejo Willy, sangre en las rodillas, la primer medalla, la única medalla, volver a tener un solo nombre, el de mi abuelo que fue futbolista, el mundo detenido en el invencible heroísmo de un gol, la fe en el segundo tiempo.Durante los primeros seis meses de este año, hice parte de un equipo que por las canchas de El Guabal, El Dorado, Los Álamos, Ciudadela Comfandi y el Club Tequendama, paseó su dignidad recibiendo goleadas muy vergonzantes como para describir aquí con números (las niñas de la Escuela Sarmiento Lora nos metieron 5). En algún momento, atravesar la ciudad para ir a perder de la manera como lo hacíamos me pareció una pesadez sin sentido, hasta que Gerardo, un amigo muy querido, me hizo caer en cuenta de la belleza que escondía cada una de esas derrotas. Porque lo que realmente nosotros intentábamos cada ocho días no era ganar. Era imposible que ese puñado de barrigones calvos y pulmones asfixiados por el humo, treintañeros y cuarentones con síndrome de Peter pan, lo pudiera conseguir.Un sábado, después de la acostumbrada paliza y mientras comíamos unas empanadas fantásticas en Torres de Comfandi, Gerardo decía que lo bonito de esos partidos era lo que sucedía después, justo eso, esas empanadas, la cerveza, los amigos que iban apareciendo con el paso de los partidos. Porque al final (o en principio) nosotros íbamos a eso, a encontrarnos. Con otros y con nosotros mismos, con nuestros orígenes, el barrio y la familia. Y tal vez pasó que en algún momento, el lazo sanguíneo que nació mientras intentábamos conjurar la derrota nos hizo jugar como amigos y sentir que atravesar la ciudad tenía ya un sentido superior al marcador del partido.Yo, por varias cosas, entre ellas una rodilla jodida, llevo varios meses sin jugar con ese equipo que en el pecho lleva el nombre de este periódico. Hace ocho días cayeron siete a uno y no veo la hora de volver a perder a su lado. Ver de nuevo a John vestido de negro en el arco, a César con la mano vendada atrás, Wilton subiendo por la izquierda, Guerrero gritando en el medio, Pipe y la magia, Pacho, que interminable no se va. Ayer, mientras repasaba las burlas a Falcao, pensaba en lo que representan el fútbol y los sueños para un tipo que como él, también cree en el segundos tiempos. Los ciber-bromistas no entienden. Es difícil desde un computador. Si se animan a intentarlo, este sábado jugamos en La Isla. Quizás puedan comprender lo que no se puede explicar con un meme.

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