Me retracto: no son ladrones
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Me retracto: no son ladrones

Octubre 25, 2020 - 06:30 a. m. 2020-10-25 Por: Jorge E. Rojas

Algo les molesta: aunque en la columna de hace quince días no hay una sola alusión explícita al Alcalde, ni al Concejo de Cali, así lo interpretaron. Firmado por la presidenta del Concejo, Audry Toro, un derecho de petición me invita a retractarme en este mismo espacio. La solicitud básicamente gira en torno a mi “acusación” en contra de los 19 concejales que votaron positivamente la ejecución de un crédito público sustentado con babas. Gracias a ellos el Municipio tiene ahora 650.000 millones de pesos en caja menor, y mucho desespero por gastar. Gracias a ellos, la ciudad quedó endeudada hasta que el fin del mundo sea cierto. El título de la columna fue ‘Alí-ba Iván y los 40 ladrones’. ¿Por qué se habrán dado por aludidos?

Me piden retractar luego de que en la plenaria del martes 13 de octubre, el concejal Fabio Arroyave me señalara como “un bandido con lapicero” que debe ser llevado a la Justicia. En los casi cinco minutos que dedicó al tema, lo peor en todo caso no fueron las sugerencias sobre mi oficio. Lo peor fue escuchar a sus colegas, mudos para exigirle respeto cuando en la misma alocución se refirió a su compañera Diana Rojas, de la forma en que lo hizo. Silencio infame. Entonces en vista de su probada honorabilidad, y de que me leen con tanta devoción, retracto: no son ladrones.

Los concejales, trabajan. Este año con el horario dividido en tres periodos: enero-febrero, junio-julio y octubre-noviembre. A cada periodo suman diez sesiones extraordinarias. Es decir que así mal contados facturan unos siete meses. A un concejal, por cada sesión a la que asista, le corresponde el equivalente a un día de salario del Alcalde. Y como el Alcalde se gana $17’040.962, eso quiere decir que el día de cada concejal nos cuesta $568.032. Me retracto: no son ladrones.

Su negocio además no es el sueldo. El botín son las cuotas de contratación que tranzan de acuerdo a los votos y apoyos que dieron, o no, en campaña. Ahí está el apacible concejal vegano y exciclista, que con sus 16.000 votos hoy maneja la gestión administrativa medioambiental. La ecuación es simple por si alguien se pierde: tener al líder de tantos electores en el bolsillo, es una inversión muy importante para la futura mega-obra de Alí-ba Iván, que consiste en llevar a su hermano de vuelta al Senado. Hay concejales que son dueños de Secretarías. Y así hay Secretarías donde no se mueve, digamos, ni una flor, sin permiso del concejal. A excepción de El Chonto, todos los concejales han usado camionetas que les entrega el Municipio. Y para que no se varen, también reciben subsidio de combustible. Más o menos 400.000 pesitos. Me retracto: no son ladrones.

Son de esa gente que pone el alma. Comenzando mes, la Presidenta del Concejo dijo en una entrevista que ya no tenían presupuesto para seguir transmitiendo vía streaming las sesiones. O sea que suscribieron un contrato de virtualidad por 177 millones de pesos, y están al borde de quedarse sin wifi. Las comparaciones son odiosas pero no deja de ser curioso que el Concejo de Bogotá haya podido encontrar un proveedor que les cobró 75 millones de pesos, por los mismos servicios, y por todo el año. O eso al menos dice el contrato número 200257-0-2020 con sello de la Secretaría de Hacienda de Bogotá. ¿Serán calumnias con fecha de radicado? Me retracto: no son ladrones.

Al final de su alocución (que para los amantes de la poesía dejaré colgada por un tiempo en la cuenta de Instagram @rojas_velasco), el concejal Arroyave se preocupa por mi apellido. Y como a mí me preocupa su salud, aprovecho para certificarle que no tengo nada qué ver con ninguno de sus colegas. Nada más lejos. Soy solo un periodista. Lo que pasa es que ahora que puedo, disfruto como niño en piñata la posibilidad de pararme al lado contrario del poder. Supongo que por estos días eso significa ser “baratico”, como insinúa el concejal. Pero de eso sí no me retracto: desde donde yo estoy viendo las cosas, lo que descubro últimamente es un tesoro del grande de otro estadio.

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