El papá del Alcalde

Escuchar este artículo

El papá del Alcalde

Enero 31, 2021 - 06:30 a. m. Por: Jorge E. Rojas

“(…) Yo me arrepiento de haber votado por Jorge Iván. Me arrepiento y lo digo abiertamente: se volvió una cloaca, más de lo que era, la alcaldía de Cali (…) Yo le digo hoy al Alcalde de Cali: te has manejado pésimamente con la ciudad, has sido corrupto con la ciudad, así, sin pelos en la lengua. Soy el padre Ramiro, así, para que ojalá le manden esto (…)
Y me pongo a la vanguardia en contra de una elección de candidatos que vengan por esa línea. Ahí hay unos bandidos. Mejor dicho, se volvió una estructura de delincuencia la Alcaldía de Cali. Un abrazo para todos”.
Estos son extractos de un audio que hoy dejo completo en mi cuenta de Instagram @rojas_velasco. La voz es del padre Ramiro Arango y su contexto inicial fue un grupo de WhatsApp. Empezó como una conversación privada pero justo esa respuesta abrió el remate del chat al espectro público; entonces el pasado 19 de enero empezó a dar vueltas por ahí, rebotando de teléfono en teléfono (comparto la versión que me llegó).

En la tarde de ese día, el padre Ramiro me contestó un mensaje. Pero dijo que para hablar tendría que encontrar otra manera: “(…) Es que yo no estoy en Cali y por este medio tampoco puedo decirte donde estoy.
Porque por aquí, como dice el jefe del cartel narcoparamilitar, por aquí nos están oyendo estos hijueputas…” El padre Ramiro vive en el exilio.
Un día en la casa de un creyente, otra noche quién sabe. Pero dios multiplica los panes y la señal wifi, y él se las ingenia para celebrar virtualmente una eucaristía cada que el milagro de la conexión se lo permite. Su exilio tiene que ver con las causas que ha hecho suyas, como la de la gente del Jarillón. Allá fue cura hasta que lo sacaron amenazado y su vida material quedó reducida a media docena de cajas que alguien le guarda en algún lugar. El resto lo lleva encima: un par de maletas y un bafle, con el que gracias a la virgen santísima, insiste en amplificar su palabra. El padre Ramiro se ha enfrentado con casi todos los demonios de este inferno, y a través de Facebook le ha dicho misa incluso a Uribe, al que ha calificado como el hombre más peligroso de Colombia. Los versículos de su evangelio, obviamente, han levantado roncha en la godarria, y fieles alfiles del Centro Democrático como la senadora María del Rosario Guerra, lo han intentado demeritar por el supuesto falso sacerdocio que ejerce. ¡Hágame el bendito favor!

Pero no la condenen, hermanos. Hay cabezas donde solo cabe un dios y es ese señor de barba larga y clavado a un crucifijo que venden en estampitas. Y hay otras cabezas donde dios es un hombre que para evitar que lo crucifiquen, manda a cortar los bosques del mundo a punta de motosierra. Perdón. Me desvié otra vez.

El padre Ramiro es guadalupano, lo cual no lo hace menos sacerdote. El lugar común lo definirá como un cura ortodoxo. Ok. Tuvo una esposa y tiene unos hijos. Se divorció. Verbo y sustantivo. Le creo. No se lo digo, pero me declaro oveja de su rebaño. Volvemos a hablar a través de una cuenta de Telegram. Nació en Roldanillo, en 1960, y allá conoció al papá del Alcalde, a Iván Marino Ospina. El padre Ramiro me saluda con un selfie-video. Camiseta gris con un patrocinio de Poker en el pecho. No es gusto por la cerveza, es pobreza franciscana. Risas, ladridos de perros y paredes naranja al fondo. Le hago preguntas en modo confesionario, que en correspondencia con su generosidad al responder, transcribo de manera literal:

¿Qué recuerda de Iván Marino?

Lo vi unas dos o tres veces. Yo estaba en ese tiempo en cuarto de primaria y como era un pueblo pequeño todos nos conocíamos. Iván marino estaba terminando bachillerato. Lo conocí haciéndole resistencia al padre Salazar, que era el cura del pueblo. ¿Porqué? Un cura de mucha plata y muy jodido, de los que jalaban las orejas. Daba clases de filosofía y religión y hubo un paro para sacarlo. Iván Marino lideró todas las jornadas, que fueron de piedra y de todo. Le cerraron las puertas y no dejaron entrar al cura. Las beatas pegaron el grito en el cielo y rodearon al padre Salazar. Un día Iván Marino desapareció del pueblo y apareció en la guerrilla el M-19. Un tipo inmolado en unos ideales nobles y sanos, en favorecimiento de las clases populares, una guerrilla totalmente diferente, con una concepción ideológica profunda. Yo creía que esa genética podía prevalecer… ¿Qué pensaría Iván Marino de su hijo hoy? Lo está esperando para darle juete… ¿Cuál es el pecado de un alcalde corrupto? El pecado social. Está saqueando lo que es de todos… ¿A qué lleva el pecado social? A la autodestrucción.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS