Ayúdenlo por favor

Ayúdenlo por favor

Marzo 12, 2019 - 11:55 p.m. Por: Jorge E. Rojas

Pido ayuda en su nombre porque él no puede: Nilson Asprilla, el deportista que encarnaba una naciente esperanza para que Colombia volviera a recordar el Pacífico olvidado, el pescador que se convirtió en surfista, el chico que hasta hace poco conformó ciclos olímpicos a través de los cuales se preparaba para remar en nombre del país en Pekín 2020, está en la cárcel de Buenaventura sindicado de porte ilegal de munición y armas, luego de ser detenido en altamar con trece barras de explosivos de bajo poder: recién las había conseguido para emprender una jornada de pesca con dinamita durante uno de esos días en los que el hambre estallaba en su casa, a orillas del mar que le dio la vida y ahora también se la quita.

El muchacho fue detenido el pasado 12 de noviembre cuando salía de Juanchaco hacia algún lugar en la nada del océano, acompañado por otros dos pescadores de bolsillos y estómagos vacíos, que junto a él, y a bordo de un bote impulsado por un motor 40 -una máquina apenas más potente que una licuadora-, componían la ‘temible’ tripulación que fue interceptada por los guardacostas y desde entonces recluida en la prisión del Puerto. Han pasado ya cuatro meses desde ese día y hasta ahora nadie parece saber nada de su situación jurídica. Para él ni siquiera hay definida fecha de audiencia. Lo que tiene seguro en el encierro son el miedo y las preocupaciones que sus familiares y amigos intentan conjurar como pueden, con maromas imposibles y recolectas para pagar el abogado que se encarga del caso. Nilson tiene 20 años, una mujer que intenta terminar el bachillerato, y un hijo, apenas un bebé de 24 meses.

Pido ayuda en su nombre porque él no puede. Porque lo conozco de cerca y sé quién es. Nació en La Plata, islote que flota casi invisible entre las fronteras que Buenaventura tiene extendidas adentro del Parque Natural Uramba, uno de los lugares más biodiversos del mundo, santuario de las ballenas que todos los años le dan la vuelta al planeta para poder aparearse por ahí o tener sus crías por ahí; cuna de pescadores y pinagüeras que sobreviven al abandono comprendiendo el mar como el todo y la nada. Nilson creció dependiendo exclusivamente de la pesca hasta hace unos cuatro años, cuando en las playas que bordean su hogar conoció a Marco Martínez, el médico internista caleño que lleva tiempo trabajando con el poder transformador del agua y que para entonces lo intentaba con el paddle, una versión del surf que se realiza con una tabla más grande y con remo. Más que cabalgar olas, su intención era llevar la práctica a la zona montando un taller de tablas artesanales que le diera trabajo a los nativos, y así otra oportunidad de vida allí donde aquello es tan escaso como los colegios, las universidades, los hospitales, o cualquier representación del Estado distinta a una base de la Armada y la ceguera de sus soldados.
Fue así como conoció a Nilson. Y fue así como Nilson empezó a construir tablas y otro camino: criado sobre protrillos y canoas, el paddle le resultó un gesto instintivo y natural. Entonces patrocinado por el médico, compitió en Cartagena y en el Lago Calima, y pronto su talento fue fichado por la liga bogotana de surf. Estaba por hacer la transición a la liga del Valle cuando lo detuvieron. Porque mientras no estuviera en competencia, Nilson, la promesa olímpica, tenía que rebuscarse el sustento de su mujer y de su hijo. Y para eso regresar a las playas donde los peces ahora también son tan escasos como las oportunidades. Pueden sindicarlo por ese exceso pero no por terrorismo. Y si no me creen a mí, créanle al médico que vive de rescatar vidas. Ayúdenlo por favor. Se lo pido directamente a la Gobernadora del departamento. Y a la exdirectora de Coldeportes que aspira llegar a ese cargo: si usted la tiene tan Clara como jura por estos días, no deje ahogar a un deportista inocente en este valle de lágrimas, que al parecer sigue siendo la misma tierra injusta de siempre.

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