Casa tomada

Agosto 31, 2022 - 11:55 p. m. 2022-08-31 Por: Helena Palacios

Cuando se lee por primera vez el cuento Casa Tomada, de Julio Cortázar, hay una sensación que oscila entre el placer estético de su literatura fantástica, y la desazón que produce el desalojo de espacios de la casa donde dos hermanos han vivido parte de sus vidas, arrinconados cada vez más en las zonas aún no tomadas. Solo se percibían ruidos que iban invadiendo los rincones, hasta que no pueden más, salen y tiran la llave en la alcantarilla.

A pesar de las vivencias buenas y malas del hermano y la hermana en su grande y antigua casona, han permanecido allí porque guarda sus recuerdos. Más allá de cualquier análisis sobre la obra, no se sabe qué conmueve más, si su silencio o su estoicismo al actuar como si no estuviera pasando nada. Sin saber cómo, la imagen de la escena aparece - tal vez por la huella emocional que deja la obra – al ver las oscuras invasiones a ricas y queridas tierras del Cauca y del Valle del Cauca, las de todos los hijos y hermanos que somos de la historia en su gran diversidad, las de los antepasados y sus descendientes que moran y trabajan en ellas.

La realidad también asombra y supera la ficción por la alevosía de envalentonados sujetos que agreden en territorios de indefensas poblaciones y campesinos, inclusive, de una fundación para la protección de animales y del medio ambiente. Pagados de sí mismos algunos hay convencidos de tener licencia para destruir, en la seguridad de que no habrá qué o quien los detenga.

Como en el orden del día del país están en ciernes reformas sustanciales propuestas por el nuevo gobierno, relacionadas con las tierras y el campesinado, entre otras, corresponde a él con buen juicio recoger velas ante los mensajes dados desde la campaña, que han estimulado la radicalización de grupos mediante la fuerza y el desplazamiento de los mojones donde comienzan los derechos de los otros. Estas prácticas se han iniciado en diversos territorios y pueden regarse como pólvora, saliéndosele de las manos a la administración y a la justicia.

Es de suponer que se han evaluado mecanismos y medidas apropiadas para evitar efectos indeseables, toda vez que las buenas intenciones no bastan, ni es posible desandar los pasos. Una gestión es transparente si hay correspondencia entre el discurso y los medios utilizados para el objetivo, con la certeza de que no se sirven de otros como punta de lanza, para abrir espacios con acciones irregulares. La resistencia de los legítimos propietarios, pobladores o trabajadores a dejar por el asedio, sus tierras, casas, parques o lugares de trabajo, evita que se aduzca un supuesto abandono, como es el indebido propósito.

Mientras subsista el ordenamiento jurídico se espera acciones de las autoridades, así como la declaración por parte de los funcionarios de su impedimento cuando presenten conflictos de interés y la forma como los gestionarán. Hay conflicto cuando hay intereses contrapuestos, entre las funciones de su cargo y los propios, o los de sus parientes o asociados, o por su participación en asuntos anteriores a su designación que deba conocer como funcionario. A simple vista, el director de la Unidad de Restitución de Tierras está incurso en dicho conflicto, como dirigente de la minga y representante del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, al menos en relación con terrenos despojados o invadidos por dicha organización en ese Departamento.

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