Un acierto no basta

Un acierto no basta

Septiembre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El Presidente acertó al rechazar la propuesta de la Andi para crear un ministerio a cargo de la política industrial. Al fin y al cabo es imposible separar las definiciones sobre estrategia para impulsar la actividad manufacturera de las decisiones sobre comercio internacional. El objetivo en materia industrial es la construcción de capital y, sobre todo, de conocimiento, a través de la gestión fabril. No se puede hacer sin tener en cuenta la otra cara de la moneda: la población puede obtener beneficio al importar productos de otros países, donde es más barata su producción, o tecnologías ajenas al país. Por consiguiente, es preciso buscar un justo medio entre los propósitos de hacer producción nacional en un país subdesarrollado y lograr el bienestar del consumidor.Sin embargo, la decisión sobre ministerios no es suficiente en el caso de Colombia. Hay un obstáculo serio, que desborda al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. La exportación de petróleo en años recientes no se ha visto acompañada de exportación de ahorro público, receta natural para neutralizar el riesgo de enfermedad holandesa, así llamada por el impacto nocivo de la exportación de hidrocarburos en la economía de Holanda hace 40 años, al fortalecerse el florín y perder competitividad la industria y la agricultura. La evolución de la tasa de cambio del peso en la última década no se compadece con la dinámica de nuestra productividad. Por el contrario, hemos tenido menos aumento de productividad que Estados Unidos, en tanto que el peso se ha fortalecido frente al dólar. Eso hace insostenibles muchas actividades manufactureras. Además, a diferencia de otros países en vías de desarrollo, no hemos establecido controles al capital volátil para mitigar la fluctuación de la moneda.Si lo importado se abarata y lo nacional se encarece no habrá futuro para la producción nacional en industria ni agricultura. La solución en nuestro caso, como exportadores de petróleo, conlleva generar ahorro público y exportarlo. Ella se contradice con el despilfarro, la mermelada y el mal diseño del Estado. El desorden no es culpa de Juan Manuel Santos, pero en nuestro sistema político, que asigna responsabilidades sobrehumanas al Presidente, solo él podría enfrentar los cambios para mejorar la calidad del gasto. Le queda difícil percibir la realidad porque, como todo gobernante, tiene cortesanos dedicados a alabar sus iniciativas, pero le va a tocar. El primer paso es cambiar el diseño del Estado para tener buenas normas, Justicia eficiente y eficaz, administración lúcida y proba, y partidos políticos efectivos como vehículos de la expresión de la gente. La solución no es negociar el poder con Ernesto Samper y César Gaviria. El camino acertado implica cultivar la autodeterminación de individuos y regiones. Además exige instituciones apropiadas para participar en los retos ambientales que enfrenta el mundo entero. ¿Preferimos la miopía?

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