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Estética y comunidad

Octubre 13, 2021 - 11:55 p. m. 2021-10-13 Por: Gustavo Moreno Montalvo

La estética prevalente en las comunidades es reflejo de su ética. Parte integral del buen gusto es el respeto por el espacio de los demás: toda persona debe pensar cómo se sentirán otros como consecuencia de su conducta.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial los barrios de Cali, en todos los niveles socioeconómicos, eran ordenados. Con la urbanización crecieron invasiones con tugurios, en ocasiones impulsadas por líderes políticos para capturar votos en la masa de quienes migraban del campo a la ciudad en busca de seguridad y servicios. Los recién llegados tenían, pese a su bajo nivel de educación, sentido de la estética consensuada que aún permeaba los pueblos y caseríos del país andino.

En las poblaciones del valle medio del río Cauca se tenía en cuenta en la arquitectura los elementos apropiados para mitigar el calor, y en Cali se incorporaban elementos de art decó, con abundante complementación arbórea de especies nativas.

La población de la ciudad creció a tasas impresionantes en los años 50 y 60 del siglo pasado, en parte como respuesta a las oportunidades de servicios en la vida urbana para la población que la transformación del país, antes profundamente rural y analfabeta, brindaba, y en parte como consecuencia de la violencia política entre liberales y conservadores entre 1949 y 1957.

En un ámbito económico propicio por el asentamiento de plantas de empresas internacionales de consumo masivo motivado por la política de protección a la producción nacional, hubo desarrollo acelerado y vinculación con países desarrollados. La ciudad fue núcleo del mercadeo y la publicidad en Colombia, lo cual resultó en florecimiento de artes y letras, y tomó la delantera en atletismo y natación en el país. Además respondió en forma acertada para atender necesidades de acueducto y electricidad, pero el aumento poblacional propició más desarrollos irregulares. Se anota que habría sido más eficiente el impulso a procesos ordenados.

En los años 70 apareció el narcotráfico con impacto en la vida nacional, con aumento dramático en las tasas de homicidios y erosión de valores en todos los ámbitos. Cali fue sede de cartel, al igual que Medellín y el norte del Valle. La ilegalidad creció hasta que el homicidio de Luis Carlos Galán por agentes del cartel de Medellín desató la respuesta del Estado, pero el daño en Cali ya era enorme. La apertura de la economía indujo la supresión de casi todas las plantas del capital internacional, con serio costo cultural: la mentalidad de la comunidad se cerró. Hoy su tasa de homicidios, como las de Palmira, Buga y Tuluá, dobla la nacional.

El individualismo extremo de sus fachadas sugiere escaso interés en la armonía. El precario esfuerzo en la construcción de ciencia y el reducido interés en las bellas artes inquietan. La indefinición estética es mundial, pero en Cali es muy marcada. Además las fracturas entre lo público y lo privado impiden que la ciudad tenga la perspectiva de desarrollo necesaria para abordar con rapidez y eficacia sus problemas éticos y estéticos.

No se aprovechan bien las ventajas comparativas relativas de la región identificadas e impulsadas por la Cámara de Comercio por la débil articulación entre lo público y lo privado. Colombia no participa en la economía del Pacífico pese a costa de 1200 kilómetros.

Es preciso impulsar ética y estética en Cali como punto de partida para el rescate regional.
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