El reto que no enfrenta Colombia

El reto que no enfrenta Colombia

Enero 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Educar es promover, impulsar, motivar. El proceso comienza antes del nacimiento y termina en la vejez, cuando ya no se aprende. Tiene una fase formal, entre los 2 años y los 22. Hacia el futuro, la educación será aún más decisiva en el futuro de las comunidades en el mundo entero, y la fase formal deberá mejorar, para permitir que un cuarto de la humanidad sostenga a la totalidad. En el Siglo XXI las instituciones educativas deben cobijar a toda la población. Impulsarán cambios en sistemas de vida y el aprovechamiento de del avance tecnológico. Deberán adaptarse a las necesidades de cada localidad y facilitar la integración global para el uso más eficiente de recursos escasos. Deben asegurar la igualdad de oportunidades y también proveer caminos para quien desee distinguirse en la búsqueda del saber.Nuestra educación no aborda el reto en forma apropiada. Para comenzar, es necesario cambiar el esquema laboral, para que en la evaluación y remuneración de los docentes participe cada comunidad. Eso no ocurrirá mientras el tema se maneje entre el Ministerio de Educación y la Federación Colombiana de Educadores. La educación pública gratuita y obligatoria debe cubrir a toda la población entre los 3 y los 18 años. Los padres deben involucrarse en forma activa y beneficiarse del proceso educativo de sus hijos. Debe haber opciones tecnológicas para quienes escojan el camino de la profesión práctica desde los 16 años. Los colegios deben ser de tamaño moderado, quizá no más de mil alumnos, para evitar riesgos de control derivados del tamaño excesivo. Los mecanismos para financiar a la universidad pública no deben sacrificar la remuneración a los profesores, en vez de impulsar la reducción en el gasto administrativo.Conviene mejorar la plataforma tecnológica para educación y convivencia, siempre que los docentes sean mucho mejores que en la actualidad. De lo contrario, los programas para dotar a los niños de computadores personales pueden incluso ser nocivos para los procesos educativos. No dejan de tener cierta razón quienes preguntan si la tecnología no es fuente de fracturas en la sociedad, porque permite dispersiones de atención hacia múltiples objetivos, con poco valor agregado, en una fase de la vida en la cual las influencias indeseables pueden ser decisivas.La educación exige respeto por la individualidad, pero bajo el marco del interés general. No puede verse como un negocio que maximiza utilidad sin considerar los procedimientos empleados, pero tampoco admite desperdicio de recursos. Urge actuar, así los resultados visibles no sean inmediatos. La gestión para persuadir al país debe partir de la cabeza de la institucionalidad pública, que en Colombia es el Presidente. ¿Quiere la gloria, señor Santos?

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