Una seria serie

Una seria serie

Septiembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Gene Roddenberry tuvo una idea que parecía descabellada para los productores de televisión en los años 60: ‘Star Trek’, una serie de ciencia ficción sin arañas carnívoras marcianas o descomunales lagartijas radiactivas salidas de las profundidades del océano. Gene se había inspirado en ‘Los Viajes de Gulliver’, de Swift, y la armó sumando discretas lecciones de ética al concepto de aventura estelar.En años de conmoción atómica y efervescencia por los derechos civiles, propuso imaginar que el hombre había superado la adolescencia tecnológica. La comunidad humana, recién salida de las tinieblas de la guerra, se reconstruyó desde las bases para edificar una sociedad justa en la que la vida valía más que el dinero. Un estado ideal al que se llegó sin necesidad de adorar a sátrapas o confiar en el espejismo comunista.Como matar y delinquir pasaron de moda en ese halagüeño Siglo XXIII, la humanidad, integrada al concierto de especies de la galaxia, ocupaba un rol protagónico en la Federación Unida de Planetas. La Federación, a su vez, regentaba la Flota Estelar, con naves diseñadas para la exploración científica y el descubrimiento. Una de ellas, la USS Enterprise NCC 1701, estaba al mando del capitán James T. Kirk, un humano emotivo y amigo de correr riesgos. “Su continua misión”, según la presentación de la serie, “explorar extraños nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando temerariamente a donde nadie ha llegado antes”.En el puente de la Enterprise, la osadía de Kirk era telón de fondo para un acto multiétnico y cultural del que hacían parte Hikaru Sulu (timonel de origen japonés), Pavel Chekov (joven y hormonado ruso), Uhura (experta en comunicaciones nacida en los Estados Unidos de África) y Spock, mitad humano y mitad vulcano, parte de una especie que aprendió a dominar sus pasiones, reemplazándolas por el ejercicio de la lógica.Esta especie de Naciones Unidas galácticas demostraba cada semana que la voluntad y el entendimiento primaban sobre las bajezas, la maldad y la indiferencia. Tanta maravilla por poco no logra convencer a los dueños de las máquinas registradoras, pero terminó, con bajo presupuesto, cristalizándose en tres temporadas.Una vez cancelada la serie, comenzó a repetirse por todos los Estados Unidos en cadenas locales y se encendió una locura colectiva de fanáticos que han mantenido vigente los propósitos que inspiraron a Gene Roddenberry. Aún hoy, cuando el cine y la televisión se esfuerzan en predecirnos un apocalipsis para la raza humana, ‘Viaje a las Estrellas’ mantiene viva la esperanza en un mañana algo más amable que el suicidio global y la extinción.Hace cincuenta años, el 8 de septiembre de 1966, nació el futuro. Y, en él, hombres y mujeres con camisetas amarillas, azules y rojas viven en paz. Algo que reclamamos aquí quienes nos amparamos en el amarillo, azul y rojo de una bandera que, teniendo más amarillo en su diseño, hace diario y triste reconocimiento al rojo de la sangre derramada. Ojalá el gran reto que se nos viene encima cuente con la “larga vida y prosperidad” que recordaba cada tanto el infalible vulcano de las orejas puntiagudas.Ultimátum. Humberto de La Calle es objeto de odios y amores, pero hasta quienes le tiran piedra mañana, tarde y noche, tendrán que reconocer que fue brillante que su verbo retomara de las redes sociales aquello de que este país vive ahora una época de nairochavismo. ¡Chapeau!Sigue en Twitter @gusgomez1701

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