¿The End?

¿The End?

Enero 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Nada ayudaría más a la paz en Colombia que el regreso de la democracia a Venezuela y el naufragio definitivo de eso que en la isla arrancó como una revolución del pueblo y terminó siendo vehículo de enriquecimiento ilícito para los Castro. Y ni eso: para algunos de los Castro.La guerrilla es terca: en el fondo sigue creyendo que si en Cuba se pudo y si en Venezuela se pudo, en Colombia aún se puede. La hoy esquiva prosperidad venezolana y cubana, de sus gobiernos de icopor, no hace sino animar el sueño de la guerrilla de convertir a Colombia en un gulag.Algunos críticos del proceso de paz sostienen que la buena voluntad de la guerrilla colombiana no es más que otra forma de lucha, en la que se aprovecha la candidez del gobierno y el sueño de paz de los colombianos para firmar un documento que tendría, entre bambalinas, otro objetivo: llegar al poder con la protección del Estado, mientras se amarra de pies y manos a la fuerza pública. Difícil saber si lo que pasa en La Habana con las Farc (y muy pronto con el ELN), ahora aderezado con el anuncio del presidente de comenzar a dialogar sobre el cese bilateral, es un destello del brillante futuro de paz que nos espera o una nube negra que parece resplandecer porque la golpea un rayo de sol. El ministro Juan Carlos Pinzón, sin despeinarse y en una maniobra perfectamente calculada por el gobierno, públicamente le cerró la llave al helio del dirigible, de la misma manera en la que lo había hecho antes, en lo que tiene que ver con bombardeos a campamentos de la guerrilla tras las declaraciones del consejero Shlomo Ben Ami. Sí, el mismo que escribió en El Tiempo hace unos días que “la historia nos enseña que la diplomacia de la paz no tiene mucho sentido si no está respaldada por la fuerza. (…) Sin el sacrificio de las Fuerzas Armadas y sus extraordinarios logros en el campo de batalla, particularmente en los últimos doce años (las presidencias de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos), difícilmente se podrían haber abierto estos horizontes tan prometedores para el futuro de Colombia”.Se les debe el milagro a unas Fuerzas Armadas a las que, a regañadientes, el diálogo en Cuba ha puesto a pasar del atletismo al jogging y que, tras la alocución de santos, entrarán de lleno a la marcha atlética. No es que no se quiera que deje de correr sangre, pero qué peligroso es archivar el garrote cuando se tienen dudas sobre las intenciones del enemigo.Jonathan Powell, que fue el jefe de gabinete de Tony Blair y hoy forma parte de su firma de consultoría, estuvo hace unos días en la reunión sobre el proceso de  paz en la Casa de Huéspedes Ilustres de  Cartagena. Allí, palabras más, palabras menos, le dijo a Óscar Naranjo: “usted es el polo a tierra de las Fuerzas Armadas en este proceso”. ¿Agüita de Naranjo para tranquilizar el nerviosismo de los generales? Le corresponde al general acompañar la convocatoria de oficiales de alto rango que se sentarán en una mesa técnica con representantes de la guerrilla para discutir detalles de lo que será un cese bilateral del fuego y las hostilidades.La paz, entre otras cosas, debe llevarnos, cómo no, a una reducción del gasto militar y del número de efectivos, pero eso debería suceder muchos años después de la firma. El motivo es sencillo: si por el camino descubrimos que las promesas de los alegres camaradas de la Cofradía del Catamarán no eran nada diferente a una pared de babas para ocultar sus verdaderas intenciones, necesitaremos que alguien corra a desempolvar el garrote. Ultimátum: ¿Y cómo van los diálogos de paz con el Centro Democrático?

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