Romería

Romería

Octubre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Están viajando tantos guerrilleros a Cuba, que romper relaciones con el gobierno de los Castro bastaría para asestar un golpe contundente a las Farc. Y si, además, nos endeudáramos para militarizar los 2.219 kilómetros de frontera que tenemos con Venezuela (acogedor hogar bolivariano de los miembros del secretariado y varios importantes cabecillas), pues estaría casi que resuelto el problema de la subversión. En un ejercicio comercial de ácida factura, podría decirse que exportamos combustibles, alimentos, tejidos, gas, oro, café, hierro, acero y guerrilleros. Las cifras de este último rubro de nuestra pujante economía no las revela el Dane ni Proexport: las hace públicas el expresidente Uribe, quien ha demostrado a la opinión que tiene simpatizantes claves en las Fuerzas Armadas. Uniformados a los que el proceso de paz se les manifiesta en forma de úlcera y que mantienen al efervescente senador al tanto de las órdenes que cumplen mordiéndose la lengua de la ira.El proceso de paz, con un paso que habría envidiado el cuadrúpedo que Juan Formell inmortalizó en “El baile del buey cansao”, no puede escapar a la carrera veloz que le ofrece Ordóñez, ese prehistórico dientes de sable que sabe clavar los colmillos. El procudepredador, como quedó patente en la reunión de personeros en Valledupar, demostró que puede aflojar para que la presa se relaje antes de la dentellada mortal. Tan largos los diálogos, que si uno los compara con Fidel es él quien luce ágil y rozagante, y no las inanes charlas que se rematan en las tardes con roncito del bueno, mientras se elogia el “equilibrado” enfoque de los informativos que conduce Tanja, la holandesa que encuentra apasionante validar el asesinato, el secuestro y el narcotráfico.Mientras, en Colombia, Santos felicita a las autoridades por golpes contundentes contra la delincuencia, como la captura en Brasil de alias Marquitos, temible bandido que luce con orgullo en su mote uno de los símbolos de la colombianidad: el diminutivo. Mientras más jocoso, cálido y minúsculo el alias, más sanguinario el antisocial. Santos aplaude la labor de la autoridad en la lucha contra las bandas criminales, pero no hay mucho que destacar a la hora de enumerar los escasos golpes contra esa guerrilla a la que a veces pareciera que consentimos en vez de perseguir. Enardece a muchos ver la romería de subversivos a Cuba, pero injusto sería no anotar que tenerlos a todos allá puede ser, como ha sucedido en otros procesos de paz, la antesala de una voluntad real de inscribirse en la recta final de los acuerdos. A Santos hay que abonarle la decisión y la paciencia, y una cosa no se puede perder de vista en caso de que la guerrilla, como ha sucedido en el pasado, termine protagonizando un chorro de babas: los delincuentes son ellos y no quienes, como el presidente, se juegan su prestigio por sacar al país de cinco décadas de guerra.Ultimátum 1: Sin querer queriendo, Uribe volvió a ejemplificar las ironías que protagonizan los polos opuestos: dio alas a las aspiraciones políticas de Hollman Morris, experto de marras en capitalizar ataques.Ultimátum 2: la captura ‘Marquitos’ debe reconfortarnos a todos los que admiramos el valor del periodista Gonzalo Guillén, que se ha jugado su tranquilidad y la vida en la defensa de la transparencia en la Guajira, departamento en el que su clase política tiene de todo. De todo menos clase.Ultimátum 3: ¿A qué horas un celular terminó costando más que un riñón?@gusgomez1701

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