Quinceañera

Quinceañera

Septiembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Cumple quince años SoHo, una revista barata: cuesta apenas $12.500. Su éxito no son los traseros; el secreto está en la testa de un leal santafereño al que las ideas, como el pelo, se le caen sobre las páginas. Hace trece años Daniel Samper Ospina, un graduado de literatura apasionado por el barroco español y las plumas latinoamericanas del Siglo XX, logró que SoHo dejara de ser SoHo sin dejar de serlo. Estrenándose como director, conservó el cascarón aspiracional de la publicación (restaurantes, relojes, carros de alta gama) y se concentró en el cuerpo… editorial.Más que una revista, ha sido desde entonces una plataforma de periodismo narrativo, capaz de convocar a las mejores firmas del continente. Y todo se ha hecho partiendo de una estrategia que hoy el país haría bien en replicar: allí cabe todo el mundo. Samper, que había experimentado los vientos huracanados del 8.000, contactó a los enemigos de su tío Ernesto, así como a los periodistas que más lo habían cuestionado, y los invitó a escribir para esta especie de zona de distención editorial que sí funcionó.Es precisamente esa táctica del choque de aguas la que convirtió a Carlos Vives en serenatero, llevó a Andrés Felipe Solano a vivir seis meses con el salario mínimo, mostró que Álvaro Uribe podía pergeñar poemas, hizo de Héctor Abad testigo de lo que pasa en un banco de semen, encomendó los secretos del despacho presidencial a Juan Gossaín, puso a Efraím Medina a darse puños como boxeador de verdad y nos ha premiado con los trabajos del mejor cronista de este platanal: Alberto Salcedo. SoHo ha dispuesto espacio, tiempo y recursos para las crónicas de gran aliento, el periodismo de inmersión, los textos en primera persona, la suplantación como herramienta de reportería y otros formatos que no encontraban acomodo en los medios tradicionales. La mejor de las revistas pornoliterarias ha logrado, como dice Samper Ospina, patentar una nueva forma “amena, audaz, divertida e inteligente de hacer periodismo”. Por eso, mientras asistimos al espectáculo deprimente de ver morir publicaciones, SoHo florece en Colombia, como lo hace en México, Argentina, Chile o Perú, con ediciones que tienen vida propia. Y, claro, también desnudos de lo que da la tierrita.La revista logró hacer del desnudo (primero femenino y más tarde masculino) una forma de insurrección ante la doble moral. La piel ha sido apenas una herramienta para remover aguas estancadas, desencadenar sanas polémicas y desactivar prejuicios. Desnudos que en un principio fueron de celebridades y que, poco a poco, terminaron compartiendo espacio con los cuerpos de gente del común, siempre con una misma intención: desacralizar, metiéndole candela a la caverna.Batallas las han tenido que dar todas en SoHo: contra la desconfianza del anunciante, la furia de los poderosos y los embates de quienes se consideran defensores de una estrecha moral donde quieren acomodarnos a todos. El episodio más significativo fue el de la recreación de “La última cena”, de Da Vinci, con Alejandra Azcárate desnuda, del que aprendimos que siempre será mejor una libertad de expresión briosa que castrada y que buena parte de los íconos religiosos son patrimonio cultural de libre interpretación artística. Todo se ha hecho con talento, ingenio y osadía, ingredientes de una receta que solo puede salir bien de la cocina de Samper Ospina, chef maestro de este platillo irrepetible.Ultimátum: felicitaciones también a Alejandro Ordóñez, inmejorable jefe de prensa de la revista.@gusgomez1701

VER COMENTARIOS
Columnistas