Personajes

Personajes

Diciembre 30, 2018 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

El idioma, más allá de las insulsas discusiones sobre si someterlo o no a los caprichos del populismo, tiene específicas connotaciones, giros y sentidos que no obedecen a las lógicas de ocasión, sino a sus particulares orígenes.

Una cosa es torcerle el cuello a las malas para hacer de él instrumento de proselitismo y vehículo de ideologías, y otra entender que evoluciona, que respira y refleja las necesidades de los hablantes (nótese que no escribí “los y las” hablantes).

La palabra ‘personaje’, por ejemplo, ha tenido para la lengua un sentido positivo. Según la Real Academia Española, es una “persona de distinción, calidad o representación en la vida pública”. Pero, ¿no es acaso Darth Vader, sanguinario asesino de cierta lejana galaxia, un personaje? ¿No fue en su momento personaje del año para muchos medios Osama Bin Laden? ¿No es el zafio Donald Trump personaje de todos los días?

La Academia deja la puerta abierta para que alguien sobresalga sin que tenga una conducta ejemplar. Su diccionario nos dice que es personaje alguien “singular que destaca por su forma peculiar de ser o de actuar”. Nos regala un ejemplo: “el boticario del pueblo es todo un personaje”. Quizás por cascarrabias y mordaz.

Supóngase usted que el boticario, queriendo hacer justicia por mano propia, envenena con cianuro mezclado en sus fórmulas a cincuenta vecinos cuya conducta desaprueba. Personaje fatal, pero personaje al fin y al cabo. Y punto de partida en la justificación para estos personajes del año nada convencionales:

El cianuro. Sin haberlo probado, puso en cuidados intensivos al abogado más poderoso del país y le ha causado peligrosas convulsiones bursátiles a una riquísima familia. Convirtió en mártir a un hombre acorralado por la vida, sin que hayamos logrado determinar qué tanta responsabilidad le correspondía en la feria del hurto y dejó en veremos la transparencia de Medicina (quizás ya no tan) Legal.

Odebrecht. Producto de exportación brasileño que reposa cerca del cianuro en la estantería de aquel boticario. Con tino, la revista Semana le dio portada y título de protagonista del año que compartimos con vergüenza. ¿O no es humillante que lo más célebre de los últimos doce meses sea la mata misma de la corrupción?

Japón. Su pasado imperialista y de castas militares dominantes había sido superado por décadas de atractiva civilidad. Japón, sociedad admirable, mezcla de tradiciones y desarrollo tecnológico, cuyo gobierno anuncia ahora que se entregará de lleno a la caza de ballenas. La tinta del punto rojo se hastió de la prisión circular y va a derramarse, con sangrienta efectividad, sobre el níveo rectángulo de la bandera.

‘Guacho’. Fenomenal ‘paganini’ de la incompetencia estatal. La muerte de un hampón, cuya casilla en el organigrama del delito tiene larga fila de sucesores, presentada aquí como el triunfo del bien sobre el mal. Como el Estado existe solo en la Constitución, pero no en la realidad de las regiones, habrá guachos por toneladas hasta que los verdaderos cambios vayan más allá de una retórica oficial armada sobre fango.

Tala. Bien dice el respetado Manuel Rodríguez Becerra que ojalá la defensa urbana de los árboles (“unas veces con razones y otras sin ellas”) tuviera la misma efectividad y atención que la realmente importante: “poco defienden los cientos de miles de árboles que, a diario, se están perdiendo en la Amazonia. Se nos está haciendo tarde… lo lamentaremos”. Sembrados en nuestra pequeñez.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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