Periodismo y política

Febrero 28, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-28 Por: Gustavo Gómez Córdoba

¿Quiere decir algo y que todo el mundo se entere? Dígalo en un foro. Los foros son reuniones de expertos que sirven para compartir sabiduría y generar ingresos. Asegúrese de que el foro se llame de una manera rimbombante, tipo “Colombia, hacia un país de altos ingresos con movilidad social”. Nadie entenderá, pero al oír el nombre todos pondrán la misma cara de los personajes que creó Andersen para “El traje nuevo del emperador”.Sucede precisamente que hace unos días el presidente Juan Manuel Santos asiste a un foro donde Ángela Patricia Janiot le pregunta: “¿Quisiera saber si vio este video tan cuestionado, y qué le parece (…)?”. Ella, por supuesto, habla de la grotesca pieza audiovisual protagonizada por el hoy exviceministro Carlos Ferro y un policía. Santos responde: “Le devuelvo a usted la pregunta. Usted es periodista; yo soy periodista. ¿A usted le parece divulgar ese video buen periodismo?”. A lo que ella contesta con una ausencia: “La verdad es que no lo he visto”. Y el auditorio estalla en aplausos con aire de reconocimiento a un presidente-periodista (¿oxímoron?) que le gana la partida a esta curtida colega que comete el desliz del cocinero novato: servir un platillo sin haberlo probado.En su columna de El Espectador, el periodista Jorge Espinosa anota: “El presidente no es un colega. No importa si él, sus hermanos, sus primos, sus sobrinos y sus hijos pasaron la infancia jugando en los pasillos de la sala de redacción de El Tiempo”. Y le aplica una segunda estocada: “¿Acaso un periodista no es aquel que publica lo que alguien no quiere que se publique? Ese Santos, el que se molestaba cuando investigaciones periodísticas le ponían el ojo a sus amigos, ¿es el mismo que juzga la virtud periodística?”.Entiendo el pasado del presidente como periodista, pero un presidente no puede ser periodista, de la misma manera en que no hay caníbales vegetarianos. La figura presidencial es parte fundamental de la democracia y Santos ha dado muestras de ser respetuoso con sus críticos. Ha soportado los dardos de la oposición, de quienes no están de acuerdo con el proceso de paz y de los que, reconociendo sus esfuerzos, tenemos la obligación de mantener sanas distancias con el poder. En prensa, en radio y en Twitter he cuestionado lo que de su gestión no me parece conveniente y él siempre lo ha sabido entender.Recuérdese que hasta cuando han ofendido a su familia, y han hurgado en su intimidad, Santos se ha portado como el caballero que es. Ahora, su opinión es todo lo interesante que se quiera, pero, como le dijo Miguel Ángel Bastenier a Camila Zuluaga, “es una opinión más, que juzgaremos por sus propios méritos, quizá más notable por venir de quien viene, pero nada más”.Sucede, eso sí, que, no de ahora sino de siempre, nuestros políticos han tenido periódicos, han tenido noticieros, han tenido columnas, han tenido programas de opinión, han tenido emisoras y hasta han tenido el descaro de hacerse expedir tarjetas que los acreditan como periodistas. Y le compete a la opinión pública ponerse muy firme en episodios donde se confunde periodismo con política. Ambos, en esencia, son servicios públicos, pero de dinámicas totalmente diferentes.Ultimátum: Lo bonito del proceso de paz es que le permite a la oposición disfrutar de las prebendas gubernamentales sin sonrojarse. No de otra manera se explican las enormes sonrisas de Clara López en Palacio. Ojalá la muy competente excandidata a la alcaldía de Bogotá entienda que no se necesita de cargos para ayudar a la paz.

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