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Luzmila

Mayo 26, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Recuerdo un doloroso episodio que nos sacudió a todos. En 1992 supimos del macabro negocio que había montado un puñado de desalmados en instalaciones de la Universidad Libre, en Barranquilla: asesinaban personas para vender sus cadáveres a los estudiantes de medicina. Las explicaciones e investigaciones demoraron algunos días en llegar, pues era época de carnaval. Todo se supo porque una de las víctimas fingió estar muerto y escapó de la morgue.

El macabro comercio se hacía con lo que en ese entonces la gente, con total naturalidad, llamaba ‘desechables’: personas dedicadas a la recolección y reciclaje de basura. Desde entonces, poco volvió a usarse ese término, que presentaba a los trabajadores de escasos recursos como seres carentes de valor.

Aunque el término afortunadamente cayó en desuso, con tristeza vemos todos los días cómo asesinan líderes sociales, en una progresión aterradora que ya se volvió paisaje. Son los nuevos ‘desechables’, gente valiosa y corajuda que termina aplastada por la fuerza de los violentos y la pasividad de las autoridades.

Como parte de la campaña #UnLíderEnMiLugar, quiero abrir espacio en la columna que gentilmente me permite tener El País para presentarles una canción de Luzmila Gutiérrez, así como unas líneas que reflejan sus vivencias. Luzmila es una maestra y cantante del municipio de Juradó, Chocó. Fue una de las principales promotoras de la Ley 70 de 1993 (sobre comunidades afrocolombianas) y organizó el primer consejo comunitario de Juradó. La violencia del conflicto armado la desplazó dos veces de su territorio y es un honor tenerla hoy en estas páginas:

Ay, Juradó, no me hagas más sufrir,
que me muero de dolor y no puedo resistir.
En Juradó no había tiempo de
tristeza.

Toda su gente era alegre y
cumbiambera,
pero la guerra acabó con la alegría
y las bombas cerraron la frontera.

En Colombia el éxodo es masivo,
no se respeta al niño ni al mayor.

Al anciano lo echan al olvido
y a los pobres los tratan con horror.

Soy la mujer de los mil sufrimientos,
lo que he trabajado, lo ha cogido
el viento.

Vivía en un pueblo muy lejos de aquí,
donde por la guerra todo lo perdí.
Me fui a la ciudad en busca de paz,
desde que perdí por la guerra
mi hogar.

Si volara como vuela el pensamiento,
no serían tantas mis penas,
ni tantos mis sufrimientos.

No quiero retornar todavía a mi región,
porque a mí me desplazaron
la violencia y el terror.

“No le puedo contar, pero sí le puedo cantar. Quiero que en el mundo me conozcan por mis canciones. En ellas plasmo los episodios más dolorosos de mi vida: el despojo, la guerra y el olvido. En mi lucha represento a toda la población del Pacífico.

”Llegamos en buque a Buenaventura y ahí me quedé ayudando a los desplazados. Repartí canciones por todas partes y las personas podían sentir lo que yo sentía. Componía para explicarle al mundo lo que estaba pasando.

”Lo más duro de ser líder social es la lejanía y la ausencia de mi territorio. El no tener confianza en la mayoría de los que me acompañan. En Juradó vivíamos siete mil familias y apenas quedaron tres. Me fui con una mano adelante y otra atrás. Ser profesora me enseñó a ser la guía de los niños. Yo sabía el camino.

”Juradó no tiene progreso. No he podido volver, porque me da miedo. Hemos luchado mucho y no hemos visto los logros. Por el contrario, cada día hay más violencia contra los negros, los indígenas y los pobres”.

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