Lennon & McMárquez

Lennon & McMárquez

Septiembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La revelación (poco chivosa) de los consensos logrados en La Habana es la prueba de que hay un Gobierno empeñado en que los parlamentarios del Centro Democrático no capitalicen el misterio que ha venido acompañando las conversaciones. Mientras, los congresistas de la Unidad Nacional y los conservadores indecisos patinan sobre acuerdos que, pasados dos años, exhiben la solidez de una cubeta recién metida al congelador. Con ellos no hay problema: difícilmente pasarán de exhibir algún tipo de precaria independencia, como la que enarbola David Barguil (precandidato a yerno de César y a cuñado de Simón), quien pasó de ser azote de los bancos a sentarse en un banco a rumiar la propuesta de una inane comisión de notables.Elegimos (¿elegimos?) dialogar entre las balas, con la sangre de policías y soldados sazonando pláticas que han llegado a episodios tan rocambolescos como el de ver a un puñado de delincuentes, responsables del dolor de tantas y tantas familias, pavoneándose con las letras de ‘Imagine’. “Imagina que no hay que matar”, citaban a John Lennon en uno de sus más recientes comunicados los negociadores de la guerrilla. El diablo haciendo hostias.“Con rumores, los opositores desinformaron y crearon desconfianza”, dijo el único nadaista optimista, a quien hay que reconocerle una capacidad de entrega que ya quisiéramos hubieran practicado hace años los líderes de la guerrilla. Con todo y la buena voluntad que pueda uno agradecerle a De la Calle, hay que recordarle que es al hermetismo del Gobierno sobre Cuba al que debemos buena parte de la desconfianza ciudadana. Cuando los gobiernos conversan con delincuentes, la gente no quiere enterarse tarde, sobre todo si los diálogos no implican sometimiento, sino cesiones.Lo comunicado por los negociadores, según confirma Marisol Gómez (El Tiempo), coincide con “lo anunciado en su momento sobre estos tres puntos de la agenda” y, aunque no lo dice ella, también con el grueso de las filtraciones que circulan en la red. Acuerdos etéreos que transitan los inestables espacios del deber ser y no los suelos firmes sobre los que debería construirse una paz duradera. Solo en lo que tiene que ver con el complejo asunto agrario surgen docenas de dudas. ¿Cómo garantizar una efectiva extinción de dominio de tierras ilícitas para repartir? ¿Dónde están los millones de hectáreas de las que habla el ministro Aurelio Iragorri? ¿Cómo estaría estructurada una entidad que manejara con seriedad estos procesos para evitar que el hampa se apodere de más país? Más allá de figurar en una lista de fugaces beneficios o de tener un carnet entre el bolsillo, como plantea acertadamente el profesor José Leibovich, ¿cómo garantizar un real mejoramiento del nivel de vida de los campesinos?Y algo más: ¿Cuánto se ha gastado el Gobierno en pañitos de agua tibia para sofocar la ira de los campesinos que han participado en las protestas? ¿Un presupuesto que no es de caucho tendrá que nutrirse con más impuestos? ¿Quién pagará esos gravámenes? Porque si los tributos se ha pensado que salgan nuevamente de la sufrida clase media, somos otros los que vamos a tener que irnos al monte a ver si desde allá logramos que el Gobierno nos lo ponga todo en bandeja de plata. Y plata es lo que no hay.Ultimátum: Hernán Peláez y Daniel Samper Ospina, cada uno en lo suyo, irrepetibles. El secreto (a voces) de su éxito: ser genuinos. Son de esa clase de personas únicas que nunca se van…@gusgomez1701

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