Jaquecas

Jaquecas

Julio 07, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La Operación Jaque no involucró un solo tiro. Falso. Pocas operaciones adelantadas por la Fuerza Pública han involucrado poder de fuego semejante, como quiera que, once años después, silban aún las balas que más duelen, las del fuego amigo. Dirán algunos que fuego enemigo, porque de la estrecha relación que uniera a Uribe y Santos no va quedando más que cartuchos regados por el piso. Importan muy poco el valor y el riesgo de tantos uniformados, anónimos en su mayoría, que se jugaron la vida para rescatar a los secuestrados en julio de 2008. Los políticos, que todo se lo han repartido en este platanal, ahora hacen lo propio con el enorme logro de los verdaderos héroes de la jornada. Darío Arizmendi lo resumió con claridad: “Estamos mamados los colombianos con esa peleadera de estos dos tipos”.

Los ministros tienden al delirio. Verdadero. Clave aclarar que los ministros no tienden. Ni lavan, ni planchan, ni tienden. Tienden, eso sí, al delirio: a creer con firmeza en cosas que para todo el mundo son una evidente falacia. La mejor defensa, cree el ministro ídem, es el ataque. Así que después de ofender a los habitantes de Puerto Carreño, equiparando sus problemas de inseguridad con el robo de ropa en tendederos, remata con un ataque (de terquedad): presenta excusas, pero se sostiene en sus declaraciones originales. El ministro es gente buena, de esa que debe cuidarse en las regiones de la gente mala. Siendo alcalde de Bogotá, Gustavo Petro descubrió la fórmula para evitar el robo de celulares: no usarlos en la calle. Botero, desde la esquina opuesta del tendedero ideológico, se inspira en el senador para ponerle fin al asesinato de líderes sociales: que no se acerquen a la gente mala. ¡Delirante!

Rappi, ejemplo de emprendimiento. Falso. No confundir hacer empresa con tener una buena idea. Las buenas ideas a veces pasan como una aplanadora sobre los derechos de la gente. Las empresas serias, en cambio, progresan junto a sus empleados y se hacen respetables cuando reconocen sus derechos. Nuevamente protestan los domiciliarios, que intentan conseguir la comida de su familia llevando comidas ajenas. Mientras, los creadores de este sistema donde los beneficios circulan lejos de los rappitenderos, continúan concediendo encantadoras entrevistas en donde las preguntas se confunden con elogios. Las grandes fortunas suelen amasarse moliendo a mucha gente humilde.
Vale mucho saber cuántos somos. Verdadero. Nos costó $410.000 millones de pesos saber que éramos 45,5 millones en noviembre del año pasado, aunque las proyecciones aseguraban que llegábamos a los 50. Finalmente somos 48, 2 millones, porque se contabilizaron en el censo los datos de algo más de 44, en un ejercicio de conteo que omitió la existencia de otros 4 millones de habitantes. ¿Entendieron? Solo en Colombia, y en las películas de Cantinflas, uno puede aceptar como naturales explicaciones de este corte. Falta que censen el número de personas que dejan la ropa tendida en el Vichada, y que de allí extrapolen las cifras de robo en el departamento. Tal vez el director del Dane no se le mida a semejante tarea, pero de seguro que alguien en el ministerio de Defensa ya está trabajando en eso.

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Ultimátum.
Deja Darío Arizmendi los micrófonos de Caracol Radio, después de treinta años de felices amaneceres. Quienes trabajamos con él y tuvimos el privilegio de entrar a su mundo, sabemos que detrás de esa marca que es su apellido hay un caballero. Da un paso en el que lo acompañamos con afecto y admiración.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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