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Noviembre 04, 2018 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Colombia tiene un triste signo: vota por un candidato que triunfa en la contienda electoral y no queda ni rastro de lo que era a los pocos meses de su posesión. ¡Cómo no sucumbir en urnas ante un incontenible alud de buenos proyectos y promesas que se malogran a las primeras de cambio!

Es verdad que la economía es una ciencia de vaivenes, y que cada uno de los expertos en la materia tiene una visión de los problemas y de las mil soluciones que pueden ofrecerse. Pero hay asuntos simples en su presentación y en lo palpable de su ejecución.

Nadie dejó de entender que el candidato Duque prometía un alivio en la tributación y, para no tocar sino una vertiente del asunto, que el IVA podía ser susceptible de atenuación, así fuera de desarrollo paulatino.

Hasta los presidentes más adictos a las altas tasas impositivas respetaban la llamada canasta familiar. Pero ahora, de la noche a la mañana, cuando los grandes problemas se guardan en nevera, se enfrenta lo del IVA, y de qué manera tan funesta. Se resuelve gravar la alimentación esencial. El sustento diario encarecerá con un amorfo paliativo: será devuelto ese tributo.

¿Cómo, cuándo y en qué cuantía? De esto lo que se sabe son promesas (¡más promesas!). Nadie ignora lo que es crear una sistematización nueva, las erogaciones que deben hacerse, las coladuras que se presentan, el altísimo porcentaje de pérdida de devoluciones incumplidas en impuestos y valorizaciones. En su mal y astuto manejo son expertísimos los corruptos. Robarán como nunca se ha visto. Corrijo: como siempre se ha visto.

Dice el Gobierno no tener recursos, pero simultáneamente promete una devolución hipotética. Asistiremos al nacimiento de un oficial ‘gota a gota’ diario, como genial innovación. Si en esta tributación especialísima ha incumplido (no se aumentarán los impuestos), ¡qué será después! La economía actual es abstrusa, contradictoria y fallida: no se tiene dinero, pero se busca en la clase más pobre, que apenas proyecta un vivir diario. Los recursos, en buena parte, se malgastarán en la burocracia que exigirá este especial tributo.

Y la clase media baja, la que linda con la de la suma estrechez o inopia, recibirá una doble y aumentada tributación: debe seguir enfrentando a la canasta familiar con un IVA crecido que aumentará su costo, pero con la agravante de que no se le devolverá un céntimo por este concepto.

De un lado paga un nuevo impuesto y de otro pierde una exención tributaria. Se creía que Duque conocía el país, pero lo ignora. Pasa y pasa el tiempo, y lo poco que hace es inefectivo o peligroso.

Los gobernantes deben saber que así como hay oleadas de entusiasmo y credibilidad, así mismo hay tempestades arrasadoras de desilusión.
Un olvido, una antipatía, un rencor anticipado, es lo peor que puede sucederle al ser humano. Sigamos viviendo de ilusiones y sueños.
Fácilmente, desembocan en gobiernos de peor y confesada política antidemocrática. Duque está sembrando las semillas del desastre. Y sabe regarlas.

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Ultimátum.
El incidente parlamentario con el ministro Carrasquilla no daba motivos para una censura política: en su corto tiempo de ejercicio no ha tenido ocasión de traicionar sus deberes y obligaciones. El error está en que una conducta particular censurable (idear un sistema que arruinó a numerosos municipios pobres) imponía prescindir de él, por algún tiempo, para cargos oficiales. Unos treinta o cuarenta años.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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