Credo

Credo

Enero 13, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Creo en un país en el que los años arranquen con indicativos de progreso y en el que la medida del tiempo no se haga con el número de defensores de los derechos humanos asesinados. Qué vergüenza.

Creo en candidatos presidenciales que se preparen para un intenso año de propuestas e ideas. No en caudillos que se alistan para encender las pasiones en las calles y que confunden dictaduras con malos gobiernos.

Creo en alcaldes con los pies bien puestos sobre la tierra, de esos a los que no se les llena la boca con promesas de ciudades maravillosas que solo existen en las nubes de su imaginación.

Creo que quienes tratan a las patadas a los animales, terminarán tratando así a las personas.

Creo en funcionarios encargados del bienestar de los menores que pasen de sermonear al público en medios de comunicación a lograr resultados concretos.

Creo en una justicia que no libere a los delincuentes, máxime si se robaron el dinero público y tienen el cinismo abyecto de pedir compensaciones al Estado.

Creo que el Eln prefiere matar… el tiempo y mamarle gallo al país.

Creo que es maravilloso ver muñecos que critican con sus formas cómicas a los personajes de la vida nacional, pero quemarlos con visos de odio y resentimiento tiene cierto simbolismo macabro.

Creo que la Fuerza Pública no tiene manera de controlar la minería ilegal. Otra de las muchas guerras que siempre perdemos.

Creo en presidentes conscientes de sus propias limitaciones y dispuestos a rodearse de gente con experiencia y entereza.

Creo en los que comprenden que el Dios al que veneran vive, por sobre todo, en el prójimo.

Creo que en Colombia tenemos menos pavimento del que nos han hecho creer.

Creo que los colombianos son muy buenos para quejarse de los impuestos, ¡pero no los pagan!

Creo que las revoluciones que aclaman nuestros miopes expresidentes son un fracaso y un cúmulo de atropellos a las libertades.

Creo que la Jurisdicción Especial para la Paz es como un molde de gelatina recién metido a la nevera.

Creo en tuiteros que opinen de política y función pública sin cobrar mensualidad y privándose del gustico de aspirar a un cargo.

Creo que Yamit Palacio tiene razón cuando dice que es decadente tener a los medios de comunicación repletos de personajes dedicados a la superchería: “Si no vamos a ayudar a reducir la ignorancia, al menos no aumentemos la estupidez”.

Creo que no tiene futuro un Estado que descarga la guillotina tributaria en los particulares que usan sus predios para la conservación medioambiental.

Creo que el idioma les juega bromas a quienes persiguen a los ‘tibios’: tibio es ni frío ni caliente, es decir, templado, y la templanza es una virtud cardinal según la cual quien la recibe modera los apetitos, sujetándolos a la razón.

Creo que la inmensa mayoría de nuestros municipios se mantienen idénticos por décadas, como si estuvieran vacunados contra el progreso.

Creo que este será otro año de arquitectos de sueños, enamorados de la vida y bendecidos, todos ellos encerrados en el clóset del fatuo positivismo.

Creo que no tiene sentido hacer listados de las mejores playas colombianas cuando nadie las cuida.

Creo que hay mucho personaje ilustre que se sigue haciendo el desentendido con aquello de devolver esquemas innecesarios de escoltas.

Creo que docenas de congresistas no aguantarían una esculcada de la Uiaf o la Dian. ¡No saldrían bien librados ni de la escueta olfateada de un perro bien entrenado!

Creo que estamos confiando mucho en que bastan los ‘hashtags’ para transformar al mundo.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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