Corrupción en general

Corrupción en general

Julio 14, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

El gobierno apagó un incendio con kerosene. Frente a las numerosas denuncias de revista Semana sobre corrupción en el Ejército, el Ministro de Defensa anunció en rueda de prensa medidas de una debilidad tal, que no han hecho más que avivar la llama de las dudas. Vamos por partes.

Llamar a calificar servicios al general Jorge Horacio Romero, líder del Comando de Apoyo de Acción Integral, era la salida fácil. Romero tiene un proceso vigente en la Fiscalía, pues empresarios e industriales aseguran que, siendo comandante de la Cuarta Brigada de Medellín, habría recibido dineros a cambio de la entrega de salvoconductos para el porte de armas (algunos de los cuales terminaron en manos de delincuentes). Se va, cuando debería quedarse a dar explicaciones. Y no pocas.

Su caso deja de paso mal parada a la Fiscalía, donde en cámara lenta llevan investigándolo hace cosa de un año. Las dudas son todas sobre el papel de la entidad, pues el actual vicefiscal general (e), Jaime Camacho, siendo fiscal tercero delegado, tuvo en sus manos un arsenal de pruebas y declaraciones que comprometen a Romero y no pasó nada.

Al general Adelmo Fajardo, actual segundo comandante del Ejército, algunos de sus subordinados lo han acusado de exigirles dineros públicos para gastos personales y viajes de su familia. A pesar de que la Procuraduría está actuando con base en las denuncias, el gobierno tomó la determinación de darle vacaciones. Tremenda ironía: se le acusa de desviar recursos para viajes de sus allegados y se lo manda de viaje.

Al general Eduardo Quirós, el hombre fuerte de contrainteligencia y sabueso en la cacería de quienes se han atrevido a denunciar las conductas oscuras alrededor del aumento de bajas, lo castigaron protegiéndolo. Se dispuso para él de un traslado. Y eso a pesar de que terminó reconociéndole al ministro que ofrecía cien millones de pesos, o seis meses de permiso, a los delatores. Terrible conducta, más propia de una película de mafiosos que del normal proceder de la autoridad.

El Ministro, además, dice no tener conocimiento de las actividades de cierta abogada que numerosos testigos señalan como protagonista de relaciones muy íntimas con altos oficiales, de los cuales se vale para pasearse cómodamente por instalaciones militares y conseguir jugosos contratos de los que salen coimas para los uniformados.

Que Botero viva en Babia, es una cosa. Pero que el general Nicasio Martínez, comandante del Ejército, no pretenda que también se le acomode en la fila de los despistados. Martínez ha sido apoyo de Romero, Fajardo y Quirós, cuyas acciones turbias, o patrocina o se le pasan por delante de las narices mientras él está ocupado vaya uno a saber en qué.

Duda final: ¿Por qué el ministro Botero insiste en tratar de vender el argumento de que esto es una pelea interna? Y si así fuera, cosa que no es, ¿hace menos graves los actos de corrupción que se respaldan en audios, testigos y videos? Pasó el generalato de la guerra contra la subversión, como en el viejo servicio público, a la guerra por el centavo.

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Ultimátum. ¿Quién no va a querer que padezcan tras las rejas de por vida los desalmados que violan menores? Eso es una cosa. Otra muy distinta que la recurrente propuesta de la cadena perpetua tenga futuro en el mundo práctico.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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