Celadas

Celadas

Agosto 04, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

A la siempre desbordada lista de espejismos nacionales, un puñado recién parido: un acierto el viaje a China del presidente Iván Duque. Verdadero. Triste que comiencen a oírse críticas al viaje del mandatario a la China. Clave esta visita a una de las economías más grandes del mundo. Ahora, si Palacio de Nariño quiere que brillen estos importantes viajes, hay que apagar los exagerados reflectores que se dirigen a los otros desplazamientos intrascendentes en que están embarcando a Duque.

Los periplos presidenciales obedecen a los principios populares que Esopo (si es que fue él) planteó en su fábula del ‘Pastorcillo Mentiroso’: no digas que todas las cosas son igual de significativas o, cuando realmente lo sean, nadie te va a creer.

Egan Bernal ha sido el deportista más importante del país. Falso. Es que creemos que la historia equivale a nuestros recuerdos y a las apetencias personales que en ellos flotan. Bernal tiene todo para ser el deportista del año (como también Juan Sebastián Cabal y Robert Farah), y seguramente para consagrarse como uno de los más amables y menos engreídos. Pero la historia de este país sin memoria rebosa de glorias que no merecen quedar expuestas al facilismo de los muy lambones listados de ocasión.

Andrés Felipe Arias ha recibido trato especial. Verdadero. Ha recibido trato especial en su llegada y en su reclusión, pero justo es decir que también se le dio trato especial a la hora de condenarlo. Pocos funcionarios tan soberbios y petulantes como él hemos tenido en los últimos años, y muy merecido el castigo por hacer politiquería con recursos públicos. De acuerdo. Pero tan presuntuoso él como los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que cedieron a sus malquerencias y le aplicaron una pena desproporcionada. Dijo Víctor Hugo: “Ser bueno es fácil; lo difícil es ser justo”.

Por ser mujer, Claudia López es tenida por malgeniada. Falso (con visos de verdad). Este es un país machista, con varias generaciones de hombres educados así por sus padres (es decir, por sus papás, pero también por sus mamás). Y es cierto que se castra el carácter de las mujeres alegando que son bravas. Pero así como se señala por malhumorada a López, también apuntan los dedos públicamente hacia hombres dedicados a la política (v.g. Germán Vargas Lleras, Rodrigo Lara). Puede la gente opinar sobre la intemperancia de una mujer, siempre y cuando no sea exclusivamente por su género, y a ellas les asiste igual derecho a quejarse cuando consideren que esa es la situación. Detalle idiomático, ahora que cada palabra hay que usarla con cautela de desactivador de minas: bravo es en el Diccionario de la Lengua alguien valiente; la fiereza llega apenas en la tercera acepción.

Los astrólogos no son brujos. Verdadero. Con seriedad propia del que maneja un discurso blindado por la práctica, Martín Ochoa dijo en entrevista con Vicky Dávila que la diferencia entre un brujo y un astrólogo es que “el astrólogo utiliza un procedimiento matemático que se llama carta natal” (la misma carta astral), y que lo publicado por los periódicos como horóscopo es “cualquier cosa y es genérico”. Un astrólogo no es un brujo, pues ciertamente no tiene poderes mágicos (sobre todo de origen diabólico). Un astrólogo es algo mucho menos sofisticado: es un eficiente vendedor de aire. Y a los incautos, que tienen a la torpeza por principio rector, les priva pagar para respirar.

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Ultimátum. Más allá de la elaborada burla a la justicia y al Estado de derecho, ¡qué maravilla es no saber nada de Jesús Santrich!

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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