Animados

Animados

Junio 16, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

A la vuelta de cualquier esquina del barrio nacional asoman personajes que nos sorprenden con sus particulares características, fruto de exóticas mezclas que solo se dan en estos predios: ministros en Defensa de sus propias empresas, columnistas PhD en control natal, vicepresidentas tuiteras, congresistas pedidos en extradición. De todo, como en botica. Aquí, tres protagonistas de este animado circo:

Presidente de las Américas. Aunque ese honor lo reclaman a cada paso que dan los presidentes de los Estados Unidos de América (del Norte), la dignidad está vacante. O estaba. Todo apunta a que la Presidencia de las Américas le luciría bien a Iván Duque, carismático estadista que exhibe facultades extraordinarias al fijar los períodos de sus pares continentales. El primer paso fue limitar el ejercicio de Nicolás Maduro, primero a horas y más tarde a días, semanas, meses, trimestres, semestres. Ahora, de paso por la Argentina, da el visto bueno a la reelección de Mauricio Macri para otros cuatro años. Seguramente muchos dignatarios de la región estarán pendientes de recibir debida aprobación para sus períodos por parte del Presidente de las Américas.

Jurisconsulta Mayor. En su momento, un detalle menor consideraron los magistrados de la Corte Suprema de Justicia eso de nombrar a una mayor del Ejército en la corporación. ¿Qué problema iba a tener Cristina Lombana en impartir justicia a civiles y decidir el futuro de su antiguo comandante en jefe? Ella no se ha quedado ‘calladita’ y ha dado una lucha sin (¿con?) cuartel para no dejar la Corte, llegando al punto de pedir la baja de las Fuerzas Militares. Error: la ¡doctorarrrr! Lombana es ejemplo de que el Estado puede racionalizar gastos y tareas con funcionarios de carácter mixto. Se abre camino para los PAErlamentarios (congresistas que dispongan abiertamente las inversiones en los programas de alimentación para menores), los ministratistas (quienes, por ser autoridad en sus respetivas carteras, podrían contratar con el Estado) y los alcalduradores (alcaldes con funciones de procuraduría para encauzar cualquier investigación disciplinaria que los comprometa). Lapidan a la magistrense, ¡cuando ella no es más que una pionera!

Púgil del periodismo. Hernán Gustavo Castro era un discreto director de revista, hasta que, de ‘golpe’, se hizo célebre. Hacía sus buenos pesos consiguiendo publicidad para una revista del Congreso que no era del Congreso y pagaba a sus colaboradoras con quincenas de puños. Lagarto de los buenos, de esos que se arrastran por despachos públicos para morder presupuestos y arañar contratos, Castro terminó protagonizando un espectáculo casi tan vergonzoso como su fraudulenta pose de director de medios. Para completar la ancheta, fungía como representante de una universidad de medio pelo que repartía diplomas a políticos y otros ordenadores de pauta. Este importante hijo de pauta demuestra que los directores de revistas legislativas suelen parecerse a sus lectores.

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Ultimátum.
El regreso de Daniel Coronell a la revista Semana confirma que los acuerdos de paz son siempre un camino afortunado. Algo fundamental del episodio: la revista escuchó a sus lectores, que manifestaban molestia por la pérdida de la firma editorial. Consejo no pedido para Semana: pónganse a publicar investigaciones; es interesante encontrarlas en las columnas de opinión, pero fundamental leerlas en las otras 99 páginas.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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