Anatomía para locos

Escuchar este artículo

Anatomía para locos

Agosto 18, 2019 - 06:40 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Aprovechando que es puente (y que no se ha caído), un repaso relajado a la compleja anatomía nacional. Vamos por partes, en un país que partieron en pedazos hace rato y nadie ha sabido enyesar:

Ombligo. Incluso quienes creen que Bogotá es el ombligo del mundo, experimentaron esta semana una inocultable sensación de vergüenza: el mismo día en que la administración de la ciudad celebraba la entrada en funcionamiento de un semáforo inteligente (traducción: un pinche semáforo), inauguraban en Antioquia un soberbio sistema de túneles y viaductos de más de 22 kilómetros. Inteligente el semáforo e inteligente el túnel, en palabras del gobernador Luis Pérez, quien no ocultó la dicha de contar con un túnel que, dijo, no es bruto. Y Bogotá, mientras, en la Patria Boba, con Miguel Uribe prometiendo construir sobre lo construido y Hollman Morris advirtiendo que construirá (un metro) debajo de lo construido. Y Claudia López tuteansultándose con Gustavo Petro.

Manos izquierda y derecha. Una a cada extremo del brazo (no armado), pero más cercanas de lo que parece: las dos con su respectivo mesías; ambas con bodegas pagas y voluntarios desenfrenados que brincan con el resorte del odio a destruir en redes a quienes se atreven a cuestionar a su santo patrono electoral. Derecha e izquierda, dedicadas a meterse los dedos en los oídos para no escuchar a los que piensan distinto.

Derecha empeñada en señalar mamertos detrás de cada opinión que no se le ajusta con precisión de sastre e izquierda que apunta hacia sus contradictores graduándolos de paramilitares. Manos que rematan el largo brazo de la estupidez.

Hígados y entrañas. Se sorprendería el médico de cabecera del país al confirmar que Colombia avanza hacia el futuro sin hígados y sin entrañas. Los candidatos, desde el momento mismo de la inscripción, mienten hasta los hígados. Los políticos que se roban la salud y los alimentos de los niños, sin asomo de entrañas, dan clases de moral en trinos. Los congresistas vociferan como si quisieran comerse los hígados de sus vecinos de curul. Los guerrilleros no tienen reparo en contaminar ríos, dinamitando las entrañas de la tierra. Los generales nos muelen los hígados con sus enredos y continúan vistiendo uniformes que cada vez les quedan más grandes.

Rodillas. Las tenemos peladas de tanto usarlas. Aquí, arrodillarse es posición natural de quienes las doblan cada vez que se necesita para sobrevivir sin pensar en los demás. Como en todo el mundo cristiano, nos arrodillamos para adorar a un Dios en el que no creemos (al menos si se tiene en cuenta la manera en que hacemos al otro lo que no quisiéramos que nos hicieran). Parafraseando a Alfonso Guerra, socialista español con perfecto apellido para haber nacido aquí: deberíamos perseguir que nadie sea tan rico como para poner a otro de rodillas, ni nadie sea tan pobre como para tener que arrodillarse ante otro.

***
Ultimátum. Dos de la FAC. Primera: sigamos hablando de la investigación sobre la muerte de los dos suboficiales caídos tras ceder la cuerda que los llevaba colgando del helicóptero, ¡pero que no nos engaveten los nombres y sanciones de los majaderos que les ordenaron treparse al tricolor! Segunda: no tenemos con que comprar aviones de guerra F-16, pero urge cambiar los K-fir, si no queremos arriesgar la vida de nuestros pilotos con aviones que son buenos, pero viejos y con múltiples reparaciones.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS