Una pésima idea

Una pésima idea

Enero 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Bastante razón le asiste al gobierno de Santos en la idea de crear un cuerpo de policía rural que provea las demandas de protección y orden a la población que habita en las áreas campesinas del país. Guerrillas, paramilitares, mafias y pandillas han legitimado su control social durante las últimas décadas de conflicto más por prestar servicios policivos a la población que por proteger las precarias rentas que les llegan a estos pobladores de las economías legales e informales. Es así que el conflicto interno colombiano ha sido una guerra más de policías que de soldados. Gana quien sea capaz de controlar y moldear los comportamientos de la población en un territorio dado, no importa que su capacidad militar en combates regulares sea inferior.Por consiguiente, si el Estado quiere recuperar el control de la población en las regiones periféricas y marginales debe asegurar, antes incluso que la mejora de las condiciones sociales, la imposición de un monopolio de los servicios de seguridad y justicia. En muchas áreas rurales este propósito solo es posible si se diseña y se crea un cuerpo policivo especializado que esté en condiciones de monitorear el terreno y garantizar la aplicación de las leyes. El solo hecho que se planteé la creación de un cuerpo policivo así ya de por sí es una buena idea.Lo crítico es que se deje en el aire la posibilidad que antiguos miembros de las Farc se incorporen a la nueva policía. Queda la sensación que el plan del gobierno no es la creación de una policía rural sino la concesión a las Farc de una policía política en las áreas donde supuestamente ellos van a tener ventajas para ejercer el oficio de gobierno. Basta imaginarse una zona de reserva campesina gobernada por un alcalde exguerrillero con su policía particular. ¿Qué garantías a la oposición democrática, a las libertades y a los derechos ciudadanos puede haber allí?Más grave podría ser si en esas áreas continúan operando antiguos miembros de la guerrilla convertidos en Farcrines o si alguna Bacrím ingresa al territorio. Las Farc con su propio cuerpo policivo, amparado por el Estado, tendrán que enfrentarse a sangre y fuego con grupos armados irregulares. Y dado que en este tipo de guerra los civiles se convierten en víctimas importantes para definir los resultados de las confrontaciones, lo normal sería que la policía de las Farc termine cometiendo abusos contra la población.Una situación típica sería la de un candidato a una alcaldía o un concejo municipal en representación de las Farc, ya en la legalidad, que es asesinado por una Farcrin o una Bacrím para imponer sus candidatos. La retaliación inmediata sería la violencia contra los candidatos enemigos de las Farc. Puede ser que la policía de las Farc no sea la que cometa los asesinatos, pero en ningún caso esta policía va a ofrecer protección a los otros candidatos ni va a perseguir a los culpables de la violencia política en sus propias filas.Aunque todo lo que se ha debatido sobre el tema sea pura especulación, el gobierno está obligado a lanzar un mensaje contundente. Si va a crear una policía rural que atienda el déficit y la deuda histórica que tiene el Estado colombiano con los habitantes del campo en cuanto a la oferta de seguridad y justicia bienvenida sea la idea. Si es solo una forma disfrazada de conceder un cuerpo policivo a las Farc la idea es pésima, repleta de sangre.

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