Nefasto

Nefasto

Septiembre 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Con la salida de Alejandro Ordóñez de la Procuraduría se cierra un ciclo nefasto en los organismos de control del Estado. No fue el único. El anterior fiscal Eduardo Montealegre también utilizó su cargo para, en vez de aplicar y administrar justicia de manera imparcial entre la clase política y dirigente del país, perseguir a quienes eran sus contradictores de otros partidos e incluso a aquellos que podían ser competidores dentro de su mismo grupo.El legado es nefasto porque la selectividad política en la aplicación de justicia, así los casos fueran fallados en estricto derecho, al final terminan por deslegitimar las instituciones de control del Estado. Sus contradictores en algunos casos podían ser culpables de lo que se les acusaba. Pero también se sabía de muchos otros funcionarios y dirigentes que, por ser cercanos políticamente, no eran procesados y eran exonerados pese a haber cometido las mismas faltas y pese al material probatorio. En la forma cómo se persiguió a Petro y al círculo cercano de Uribe había mucho de eso.Se creó así la imagen, o al menos la suspicacia, de una justicia que funcionaba a la perfección sólo si tenía un interés político oculto. Lo peor fue que la clase política captó el mensaje. Para muchos partidos y movimientos el respaldo a aspirantes a la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría se convirtió en el mejor modo de evitar que la Justicia los persiguiera y, de paso, de neutralizar a sus competidores políticos.De hecho, la degradación de la Justicia no estuvo en que los funcionarios a cargo de los órganos de control fueran laxos con los miembros de la clase política que los ayudó a elegir sino en la persecución de los contradictores. La llegada de un nuevo fiscal y un nuevo procurador apunta a revivir el viejo estado de las cosas en que los aliados pueden contar con una ley laxa y los contrarios en principio no tienen que temer una persecución personal. No es que sea una situación positiva, solo que es mucho mejor que un escenario de competencia feroz de utilización de la ley con fines políticos a través de la influencia en los órganos de control.Hay que resaltar, de todas formas, que en el caso del exprocurador Ordóñez el uso del cargo alcanzó otros niveles de abuso que hizo aún más nefasta su gestión. Ordóñez utilizó el poder de la Procuraduría para imponer una agenda ideológica y moral a la sociedad. Quizá el recuerdo de mayor calado de su gestión sean las imágenes de funcionarios en las notarías arruinando las bodas de homosexuales. Era una estrategia fuera de cualquier noción de respeto y humanidad para, a la brava, hacer valer los principios de un ultra radical católico.Eso es un paso más allá de la pura lógica de impunidad para los amigos y castigo para los contradictores y competidores. Es la alternativa a ganar elecciones a la Presidencia o al Congreso para sacar adelante decisiones institucionales favorables a una agenda política determinada. En adelante, si se llega a consolidar esta lógica, la fuerza política que logre vencer en el pulso por los órganos de control del Estado tendrá un bono para imponer una agenda política desde una posición institucional que no le corresponde esas atribuciones.Así la destitución de Ordóñez haya significado la salida del único contrapeso real al gobierno de Santos en los órganos de control, hay buenos motivos para celebrar el final de un nefasto legado.Sigue en Twitter @gusduncan

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