Mónaco

Mónaco

Diciembre 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

Es difícil encontrar una palabra en español equivalente a ‘infamous’ del inglés. Podrían utilizarse los adjetivos infame o nefasto pero se quedan cortos. No guarda la connotación de lo famoso y popularmente reconocido que contiene la palabra en inglés. Se restringe a los aspectos negativos de lo que se quiera calificar.

El edificio Mónaco en Medellín es un ejemplo perfecto para utilizar el adjetivo ‘infamous’. Los dos elementos de su significado están presentes. Es famoso por ser el refugio de Pablo Escobar e infame porque desde allí se planearon cualquier cantidad de crímenes y atentados. Quizá no exista hoy un lugar físico que recuerde más a Escobar que ese edificio.

No resulta extraño entonces que la dirigencia antioqueña quiera hacer algo para anular todo el valor simbólico negativo que encarna el edificio Mónaco y transformarlo en un símbolo arquitectónico que reconcilie a Medellín con su historia. La idea inicial de un museo no será posible. Por problemas estructurales de la construcción habría que reforzar los cimientos del edificio con un costo de alrededor de 10 millones de dólares. Habrá que demolerlo y suplantarlo por otro símbolo.

En lo que no parece haber claridad es en aquello que se quiere neutralizar como símbolo. La mayor preocupación es la imagen de la ciudad ante el mundo, que en el exterior vayan a creer que allí solo habitan criminales. En el fondo la incomprensión no es del resto del mundo, es de los propios colombianos que no han entendido que cuando series de televisión, camisetas, música y demás mercadería aluden a Escobar están en realidad haciendo una alegoría a algo muy diferente a lo que él representó.

Para los extranjeros Escobar es un símbolo de rebeldía por fuera de la ley, de un bandido que cuestiona un orden injusto por razones puramente egoístas, de ambición desmedida contra un estado ilegítimo, etc. No es casual, se trata del bandido social más importante de la segunda mitad del Siglo XX y quizá uno de los más famosos de la historia.
Por supuesto, no reparan dentro de la simbología todo el dolor causado a las víctimas inocentes de los atentados o a los magnicidios de funcionarios honestos. Pasa algo similar con la iconografía del ‘Che’ Guevara. La gente que lo admira tan solo se fija en su lado rebelde y en su reivindicación de los oprimidos, en ningún momento celebran que haya sido racista, homófobo y que tuviera afición por los pelotones de fusilamiento. De hecho, uno de los motivos centrales de lo que se haga con el edificio Mónaco debe ser un homenaje a las víctimas. En eso hay consenso.

Otro aspecto que se quiere neutralizar es el de la cultura traqueta que instauró Escobar. De nuevo sale a relucir la incomprensión de la ciudad con su propia historia. El 99 % de lo que se considera como cultura traqueta no es más que moda, sobre todo ahora en los tiempos del reguetón. La mayoría de quienes utilizan estas modas no cometen delitos.

Lo verdaderamente preocupante es una cultura en particular: la de muchas comunidades en Medellín donde pertenecer a organizaciones criminales es una opción de vida para muchos jóvenes y donde la ley y el orden que cumplen sus habitantes pasa por la regulación violenta de estas organizaciones. Pero esta subcultura de un orden de bandidos, más que cultura, demanda cambios sociales y construcciones simbólicas que van mucho más allá de lo que se vaya a hacer con el edificio Mónaco.

Sigue en Twitter @gusduncan

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