Materia sin discurso

Materia sin discurso

Septiembre 14, 2018 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

Las críticas le han llovido a Duque en sus primeros días de gobierno y han hecho mella: los índices de popularidad son preocupantemente bajos para un presidente que apenas inicia. Hay cosas que ciertamente se han manejado mal, algunas francamente parece que hubieran sido planeadas por los enemigos, y otras, en cambio, apuntan en la dirección correcta para atacar los problemas más apremiantes del país.

Sin embargo, el problema es más de fondo. Las diversas iniciativas de Duque, buenas o malas, tienen una grave falencia: les falta un discurso que las articule dentro de una gran política nacional. Hay materia pero no hay un discurso que le dé forma, que le diga a la opinión pública que cada uno de los actos de gobierno responde a una visión y a una estrategia delineada desde la presidencia.

Podría pensarse que la falta de un discurso unificador se deba a la inexperiencia de Duque. Bien decía Kissinger que a la presidencia no se llega a aprender sino a utilizar lo aprendido. De seguro hay algo de eso, pero pesa más la coyuntura política en que Duque llegó al poder. Para nadie es un secreto que su presidencia se debe casi que por completo al respaldo que recibió de Uribe. Tan es así que por primera vez el presidente no es jefe de la bancada de gobierno sino que un senador está por encima de él en el Congreso, el principal escenario de la arena política en una democracia.

Y, si bien Uribe le ha dado a Duque un enorme margen de autonomía para nombrar a sus funcionarios y para gobernar, están en juego muchos compromisos para construir un plan y una plataforma de gobierno. Lo irónico es que estos compromisos no responden tanto a nombramientos burocráticos. Es evidente que Duque tiene voluntad y respaldo del uribismo para suspender los flujos de mermelada que alimentaron la corrupción de los últimos gobiernos. Además, ya logró mayorías en el Congreso sin necesidad de grandes concesiones burocráticas y presupuestales.

Lo que le pesa a Duque es construir un discurso modernizador de derecha que le dé una narrativa sólida a su proyecto de gobierno. Le ha costado mucho neutralizar la línea dura del uribismo y su discurso se ve obligado a cazar peleas inútiles, al tiempo que gasta capital político que podría encauzar a temas sustantivos. El debate de la dosis personal dice mucho al respecto. Así como el nombramiento de Ordóñez que, más que una concesión burocrática, es una concesión ideológica.

Sus funcionarios tampoco ayudan. Han sido muy torpes para diseñar sus iniciativas y venderlas a la opinión. La Ministra de Justicia es de risas. Y Carrasquilla, un funcionario muy preparado y clave para enderezar la economía, no debería tener tantas salidas desafortunadas. Sus errores le impiden a Duque vender la idea de que un gobierno de derecha puede incrementar la carga de los impuestos en las personas y no en las empresas, a la vez que puede ser una estrategia progresiva, es decir que grave a los más ricos. Ahora está obligado a defender un IVA a la canasta familiar, algo totalmente regresivo.

La habilidad política de los potenciales modernizadores en el uribismo, principalmente técnicos y jóvenes, para consolidar el gobierno en esa línea pareciera muy limitada. Y su fallo, en el mediano plazo, podría tener como consecuencia que el gobierno caiga en manos del uribismo tradicional que, aunque anticuado, es más consistente a la hora de gobernar.

Sigue en Twitter @gusduncan

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