El otro tema

El otro tema

Septiembre 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

La reunión fue el miércoles por la noche. Se tomaban algunos tragos, no muchos. Entre los presentes estaban un par de militares retirados y un directivo de una multinacional minera. El tema de conversación era el inicio del gobierno de Duque. Hubo críticas, también reconocimientos, en especial por la voluntad de acabar con la mermelada.

Sin embargo, la tónica relajada de la discusión cambió cuando el directivo de la multinacional recibió una llamada a su celular. Luego de colgar se le notó tenso. Entonces empezó a criticar duramente a Duque por sus falencias en un tema central de los que necesita resolver el país hoy: la necesidad de retomar el control territorial en muchas zonas donde las disidencias de las Farc, las bandas criminales y el ELN son el gobierno de facto.

A ratos pareció exagerada la vehemencia con que el directivo reclamaba por ese tema, sobre todo porque criticaba a la Fuerza Pública, lo que no era muy amable con los militares retirados. No era un asunto de tragos, se había tomado muy poco y el directivo más que rabioso estaba angustiado. Comentaba que habían decidido en su empresa retirar al personal de campo de un nuevo proyecto de exploración. Las disidencias de las Farc los tenían amenazados en la zona con total impunidad.

A la mañana siguiente las noticias demostraron que el directivo tenía toda la razón para criticar de esa forma la falta de iniciativa de la Fuerza Pública. Tres geólogos de su empresa fueron asesinados y otros tres empleados heridos. Varias semanas antes otro empleado había sido asesinado por el Clan del Golfo en una región distante en centenares de kilómetros.

En los últimos meses la agenda política del país puso sus reflectores en la corrupción y, sí, es un tema al que se debe poner toda la atención para exigir al nuevo gobierno resultados concretos. Si no se reduce la corrupción de manera sustantiva el crecimiento económico va a estar comprometido y las mejoras sociales se evaporarán. Pero no debe ser la única prioridad. Si no hay un plan de retoma de control territorial, el posconflicto podría ser en extremo violento.

Quizá la sociedad se haya acostumbrado a la sensación de alivio que produjo la desmovilización de las Farc. La salida de un ejército guerrillero comprometido con una guerra para reemplazar el Estado central e imponer un modelo comunista implica, sin duda, que los colombianos deben sentir un descanso de la violencia. El problema es que ese descanso no es igual para todos.

Quienes más sufrieron la guerra, las comunidades ubicadas en territorios marginales y periféricos, pueden no sentir ningún tipo de alivio. Allí, por el contrario, la guerra puede recrudecerse. Las bandas y disidencias van a disputarse a sangre y fuego el oro y más de doscientas mil hectáreas de coca.

Si el Estado no despliega la fuerza pública como lo hizo para derrotar estratégicamente a las Farc esos territorios se perderán.

El ministro Botero puede incluso ser un buen administrador, pero depende del presidente Duque trazar la línea estratégica para doblegar las bandas criminales y las disidencias, proveer a la Fuerza Pública con los recursos necesarios para cumplir su tarea, ofrecerles garantías jurídicas y exigirles resultados.

No es solo para que no maten a geólogos de empresas mineras. Es para que no maten a líderes sociales y demás habitantes de regiones donde no se siente el alivio del posconflicto.

Sigue en Twitter @gusduncan

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