El desafío de Duque

El desafío de Duque

Marzo 15, 2019 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

Es una pésima señal que un Estado cambie las reglas del juego luego de haber asumido compromisos. Eso tiene costos institucionales inmensos en el largo plazo. Sin embargo, el presidente Duque no tenía margen de maniobra para no objetar la JEP.

No es secreto que es un presidente que no posee suficiente fuerza política propia para imponer una decisión de sus convicciones, suponiendo que pasar al Congreso la JEP tal como está fuera parte de sus convicciones. Su gobernabilidad reposa en una fuerza prestada: la de Uribe y, por extensión, la de la bancada del Centro Democrático. Si hubiera decidido no hacer objeciones su mandato estaría en el aire. Por eso, lo ocurrido era previsible.

La buena noticia es que las objeciones de Duque no parecieran ser inabordables, si se logran matizar algunos puntos en el Congreso la JEP tiene cómo continuar operando sin un rechazo de la mitad del país. Es cierto que la reacción de la oposición ha sido implacable. El estreno del derecho a réplica con la brillante exposición de Juanita Goebertus mostró que el debate va a ser duro. Pero la oposición también debe entender que al final de cuentas es conveniente llegar a algún tipo de acuerdo que permita que la JEP, aun con cambios, sea el cierre del proceso con las Farc.

Ese será, de hecho, el gran desafío de Duque: ¿Cómo dejar contenta a su bancada con la menor cantidad posible de cambios a la JEP al tiempo que la oposición, o al menos un sector significativo de ella, acepte como legítimo lo que finalmente quede? Ambas partes tendrán que ceder y Duque deberá buscar algún tipo de consenso que no solo permita que el Congreso apruebe las objeciones sino que al final de cuentas la mayor parte del país lo acepte como un cierre definitivo del proceso.

Los dos asuntos más espinosos que tendrá que afrontar Duque serán ‘Santrich’ y el juzgamiento de delitos relacionados con niños y abusos sexuales. En cuanto al primero, el impacto de una extradición de ‘Santrich’ en el corto plazo sería inmenso. La izquierda lo interpretará como una traición al proceso. Pero en el mediano plazo las cosas pueden apaciguarse. A fin de cuentas existen pruebas que demuestran que ‘Santrich’ andaba en negocios turbios y ‘Márquez’, quien pone como condición la no extradición para regresar, no tiene los medios para convertir las disidencias en una nueva guerrilla. Será un fugitivo más, mientras que la línea moderada de las Farc como partido se quitarán de encima un elemento que más que un aporte es un estorbo en la tribuna democrática.

En cuanto a los niños y los abusos sexuales la cosa es más complicada, como lo dijo en su entrevista el excomisionado Sergio Jaramillo. Si ese tema sale a Justicia ordinaria prácticamente por acción directa y/o línea de mando, el grueso de los dirigentes actuales de las Farc tendrán que pagar largas penas efectivas de cárcel y, de paso, olvidarse de participar en política. Sería el final de los exdirigentes de la guerrilla como partido y una demostración de la poca confianza que se debe tener en el Estado para efectos de negociaciones de paz.

Si bien el tema es sensible, ni más ni menos que menores de edad y abusos, Duque deberá encontrar una fórmula para que no salga de la Justicia transicional, aún en contravía de las pasiones de su bancada. De otro modo los acuerdos sí quedarían hechos trizas y dejaría un país más dividido del que encontró.

Sigue en Twitter @gusduncan

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