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El caso Cepeda

Octubre 09, 2020 - 11:55 p. m. Por: Gustavo Duncan

En la recopilación de la correspondencia de Manuel Marulanda, el antiguo líder de las Farc, se encuentra información muy valiosa además de las referencias al crimen de Álvaro Gómez. De esta información hay un dato que va a tener enormes repercusiones políticas, el respaldo de las Farc al senador asesinado de la UP Manuel Cepeda Vargas, el padre del hoy senador Iván Cepeda. Ojalá el manejo que se le haga al tema sirva para contribuir a la reconciliación y no para exacerbar los odios y la polarización política.

En realidad, los vínculos de Manuel Cepeda con las Farc y su posición con la violencia política se sabían hacía mucho. Difícilmente puede decirse que haya tomado por sorpresa a la izquierda esa revelación. Ya muchos antiguos militantes del Partido Comunista habían contado cómo Cepeda legitimaba la lucha armada y el secuestro por las Farc. También que fueron severamente vapuleados por él cuando se opusieron a la combinación de las formas de lucha.

Quizá lo novedoso sea que el documento no deja duda de un caso de ‘farcpolítica’. Es decir, del respaldo de un grupo guerrillero que amenazaba y asesinaba a potenciales rivales políticos y constreñía a la población para que votara por determinado candidato afín a sus intereses. No puede ser ahora que se quiera banalizar ese respaldo y se minimice el caso a una movilización social y voluntaria por parte de los miembros de una insurgencia. El respaldo era armado y por la fuerza como solía ocurrir en el conflicto colombiano.

Será apenas natural que muchos sectores políticos que Iván Cepeda ha atacado y denunciado por sus vínculos con el paramilitarismo riposten antes las pruebas de ‘farcpolítica’ de su padre. Sin embargo, tiene una enorme dosis de injusticia la réplica. Iván Cepeda, bajo ninguna circunstancia, puede ser juzgado a la luz de los actos de su padre. Esas pruebas en concreto de ‘farcpolítica’ no lo implican a él.

En lo que sí se puede cuestionar a Iván Cepeda es en la construcción simbólica que quiere hacer del caso de su padre. Lo asesinaron y eso no tiene ninguna justificación, pero como figura política para la historia también tiene que ser evaluado como un líder que le apostó a la violencia. Es buena idea que se revalúe su papel y se consideren las víctimas que implicó su decisión de apostar por la combinación de las formas de lucha. De otro modo su reivindicación simbólica, sin considerar este aspecto tan doloroso, sería ofensivo para las víctimas.

Más aún, el episodio debería llevar a una reflexión a Iván Cepeda. Debería repensar su posición como un juez implacable y sin matices de políticos, empresarios, periodistas y otros actores sociales que tuvieron o hubieran podido tener vínculos con el paramilitarismo. Considerar las situaciones y contextos en que se tomaron las decisiones y la información y propósitos que existían en su momento -así como de seguro las considerará al evaluar las decisiones que tomó su padre-, sería un buen punto de partida para en vez de estigmatizar y polarizar, contribuya a construir un discurso de reconciliación. Pedir perdón en el nombre de su padre, por ejemplo, le daría legitimidad moral para exigir a otros que se comprometan con la verdad y la reparación.

No va a ser fácil. Dar un paso en esa dirección va a tener costos políticos y emocionales enormes. Pero el tribunal de la historia lo evaluará por la capacidad de asumir esos costos.

Sigue en Twitter @gusduncan

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