Cese pero definitivo

Cese pero definitivo

Enero 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El presidente Santos sorprendió a los colombianos al iniciar su intención de adelantar un cese al fuego bilateral con las Farc. En vez de una erupción de optimismo por la marcha del proceso de paz, la primera reacción de la opinión ha sido de gran desconfianza y escepticismo. Sobran motivos para esta reacción. El precedente del Caguán y los continuos desplantes e incumplimientos de las Farc hacen creer que un cese al fuego del gobierno puede ser utilizado para fortalecerse.Pero la noticia también puede ser un buen augurio. De hecho, si las Farc aceptan ciertas condiciones el proceso de paz podría estar entrando en una fase irreversible, en una situación en que para la guerrilla el costo de rearmarse sea tan alto que necesariamente tengan que optar por un acuerdo final. Sin esas condiciones poco sentido tendría para el gobierno proponer, mucho menos aceptar, un cese al fuego bilateral. El riesgo de un rearme con la guerrilla habiendo tomado un segundo aire es muy alto.¿De qué condiciones se trata? Al menos tres. En primer lugar la concentración de toda la tropa de las Farc en lugares específicos del territorio nacional. Estos espacios pueden ser varios e incluso relativamente extensos, desplegados a lo largo del territorio nacional donde las Farc tienen presencia. Sin embargo, al interior de las zonas de concentración, las Farc no pueden estar armadas salvo en lugares muy concretos, despoblados y reducidos territorialmente donde además la fuerza pública no puede entrar.En segundo lugar, así no sea necesario que las Farc dejen las armas para ingresar en las zonas de concentración, por ningún motivo podrá ejercer algún tipo de autoridad sobre la población. No podrán ni cobrar impuesto, ni ejercer funciones policivas ni administrar justicia. La autoridad de las Farc debe quedar reducida sobre su propia tropa en los espacios al interior de las zonas de concentración donde la guerrilla puede usar armas.Por último, las Farc tienen que renunciar a cualquier mecanismo de captación rentas legales e ilegales. En adelante deberán subsistir de los recursos que hayan ahorrado luego de tantas décadas de guerra atravesada por economías criminales. El gobierno incluso puede comprometerse a pagar los gastos de alimentación y vivienda de la tropa guerrillera. Es un precio más que razonable por la paz.Lo ideal sería además que algún tipo de testigo internacional vigilara que las condiciones del cese al fuego se cumplan tanto por parte de la guerrilla como del estado. Sería la instancia más creíble e idónea para evitar que cualquier incidente fortuito o escaramuza lleve el proceso a un fracaso. Sobre todo para evitar que cualquier sector extremista de uno u otro lado saboteen el proceso con una maniobra aventurada.Las condiciones anteriores son duras para las Farc porque suponen una voluntad de dejación de armas definitiva. No es casual en ese sentido que el gobierno haya insistido en el adjetivo ‘definitivo’. Sabe que para las Farc hacer exigencias y elevar las apuestas en el proceso luego de tener su tropa concentrada va a ser demasiado complicado. Por eso si las Farc aceptan condiciones de este tipo es que ya el grueso de los acuerdos ha sido pactado y el proceso es casi irreversible.De darse sería una excelente noticia independientemente que muchas víctimas, con toda la razón, sientan que las Farc no tuvieron el castigo que merecían.

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