Al oído de la izquierda

Al oído de la izquierda

Septiembre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La izquierda radical ha sido muy efectiva para señalar los vicios del capitalismo y la democracia liberal. La desigualdad, cada vez más creciente, las diferencias en los derechos y los privilegios que se obtienen por la posesión de riqueza material o poder político son problemas propios del actual proyecto occidental que, de no ser por la resistencia de la izquierda, serían más agudos. Sobre todo, en aquellos países en desarrollo y de ingreso medio donde el capitalismo liberal es todavía una realidad a medias.Sin embargo, la izquierda que está más allá de la línea roja de la social democracia no ha podido superar su papel de contrapeso del establecimiento. No ha sido capaz de elaborar un proyecto alterno que sea novedoso y viable. Hasta ahora en sus propuestas siguen latentes varios principios del marxismo clásico que recurrentemente se han estrellado contra la realidad. La historia ha demostrado que el sueño de un hombre mejor, aquel inspirado en Marx y expirado por Lenin, ha conducido a varias de las peores pesadillas de la humanidad.Dos elementos persistentes en la ideología de esta izquierda radical impiden el desarrollo de nuevas propuestas. En primer lugar, está el tema de rechazar la propiedad privada. La experiencia muestra que la libre empresa logró desarrollar en las sociedades una capacidad de producción de riqueza que incluso mal distribuida contribuye a mejorar las condiciones de vida del grueso de la población.Más aún, el ideal de la propiedad pública de los medios de producción es pura ilusión. Al final quienes controlan los medios del poder se apropian de la riqueza producida con igual o mayor indolencia que cualquier magnate en el capitalismo. Desde las extravagancias de los líderes norcoreanos hasta la burda fortuna de las hijas de Chávez demuestran que es así.La izquierda debería preocuparse más por la distribución de los ingresos que produce la sociedad con los medios de producción disponibles que la naturaleza de quién los posee. En el papel Venezuela tiene hoy un PIB per cápita superior al colombiano, pero es fácil deducir cuál de las dos sociedades resuelve con mayor facilidad el acceso a un ingreso para resolver sus problemas de consumo básico. Venezuela es propietaria de enormes riquezas petrolíferas en manos del Estado sin que se traduzca en ingresos reales para la población.En segundo lugar, la izquierda aún es ambigua con el tema de la democracia. Le cuesta mucho adoptar un proyecto que acepte asuntos tan elementales como la alternancia y la separación de poderes. La idea de que la democracia burguesa no responde a los intereses de la gente del común es en realidad un pretexto para que tiranos, políticos del aparato, burócratas y demás personajes oscuros se perpetúen al frente del Estado sin ningún tipo de control.La codicia por poder es incluso peor que la codicia por riqueza. De hecho, la única variante del comunismo que ha funcionado en lo económico es la impuesta por China. Allí los empresarios tienen todas las garantías siempre y cuando no se entrometan en los asuntos políticos del partido. En la propia Latinoamérica, a los empresarios que se apartan de la política les va bien con Correa y Ortega.No es fácil inventarse un proyecto que resuelva estos problemas básicos y no caiga al mismo tiempo en los postulados de la social democracia que los radicales de izquierda tanto critican.Sigue en Twitter @gusduncan

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