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Se gobierna en prosa

Diciembre 29, 2019 - 11:55 p. m. Por: Guillermo Puyana Ramos

Una de las mejores frases del realismo político la dijo el exgobernador de Nueva York Mario Cuomo: se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa.

Un ejemplo de eso lo vimos con la reanimación cardiopulmonar que el gobierno le dio a la ‘ley de financiamiento’, que no es más que un ejercicio literario para darle un nombre nuevo a la reforma tributaria, que tampoco solían ser reformas sino ratificaciones de un sistema irracional e inequitativo. Al presidente Iván Duque le han sacado en las redes sociales las muchas veces que en campaña y por lo tanto en poesía, dijo que no haría reforma tributaria, para cobrarle a título de engaño y de trampa la forma en que ahora gobierna en prosa.

El ejercicio es un poco vano, entre otras cosas porque es poco original y más bien repetitivo, todos los presidentes hicieron reformas tributarias que negaron y se comprometieron en poesía siendo candidatos. Recuerdo cuando Antanas Mockus le preguntó a Juan Manuel Santos si estaba dispuesto a grabar en mármol su compromiso de no hacer reformas tributarias si era elegido; Santos le dijo que sí y Mockus lo celebró con su dedo pulgar hacia arriba. Luego de dijo que desmontaría el impuesto del cuatro por mil, que ‘detestaba’ y Antanas, lagrimeó de emoción.

Pues bien, al cierre de este año extraño y turbulento las fuerzas en contienda se han recogido en sus tiendas y están limpiando sus espadas para que el país se dedique al desenfreno de la otra violencia, la del alcohol y la fiesta, la pólvora y los tiros al aire. Pasado el jolgorio seguro volverán las tensiones porque los problemas de fondo no se están resolviendo ni se están encarando ya que la narrativa fascista-terrorista con la que se descalifican seguirá siendo la característica principal de la gritería política.

Es cierto que las marchas de fin de año se diluyeron, fueron lánguidas. Cierto es que el pliego de peticiones del comité del paro es ridículo y abstruso, resultado de que la insatisfacción social tiene muchos matices y que en las marchas iniciales había demasiada biodiversidad y poco enfoque. Pero también es verdad que en enero las afugias de las familias regresarán, la informalidad laboral agravada por la migración venezolana azotará cada vez más a los jóvenes que se gradúan en carreras para las que ya no hay demanda y que en medio de las aprehensiones de los hogares, las válvulas de escape de la pobreza seguirán incidiendo en la presencia de la mendicidad, la prostitución y la delincuencia.

Nada augura que la torpeza decembrina de los dirigentes del paro no sea rectificada y les permita retomar el momento con nuevas marchas y más paros derivados de una situación nacional deprimida y violenta. El gobierno no puede descartar la reactivación de las protestas y que tengan cada vez más enfoque y dirección política. El absurdo de las 104 peticiones del comité del paro, que de poderse satisfacer nos llevarían literalmente a Narnia, puede que no sea la tónica general y precisamente el empeoramiento de las condiciones económicas y laborales, el deterioro general del orden social, le den nuevo aire al movimiento, sobre todo si el Presidente sigue actuando lejos de la realidad, como el 21 de noviembre cuando en su alocución nocturna luego del catastrófico desarrollo de las protestas, habló como si creyera que los cacerolazos habían sido contra los vándalos y no contra él.

El gobierno obligado a la prosa, se enfrenta a una oposición que todo lo puede hacer en verso.

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