La izquierda en campaña por la derecha

La izquierda en campaña por la derecha

Julio 28, 2019 - 11:55 p.m. Por: Guillermo Puyana Ramos

En sus expresiones extremas irreflexivas, los discursos de la izquierda y la derecha son simétricos. En esos radicalismos se difuminan las sutilezas de la filosofía que debería hacerlas como el agua y el aceite, porque son ideológicamente como el agua y el aceite. Hay votantes que prefieren la claridad en los segmentos de separación entre posiciones políticas, pero que se retraen al ver que los contendientes solo son virtuales porque en las formas terminan siendo idénticos. Cuando oigo hablar a José Obdulio Gaviria no veo la diferencia con Gustavo Bolívar, ambos acuden a la estridencia y la destrucción de carácter como fórmula de discurso, ninguno dice nada muy sustancial y ambos son rutinarios en argumentos de galería: que metan presos a los mamertos dicen los fachos, y que metan presos a los fachos dicen los mamertos.

Los mejores aliados de la derecha son personajes como el libretista Bolívar, que hizo campaña diciendo que iba a meter preso a otro parlamentario (Uribe), revelando su ignorancia sobre el modelo constitucional en el que pretendía funcionar y de paso deslizando votantes de centro hacia la derecha, en especial cuando el candidato de derecha venía en una empaquetadura más atractiva para el grueso de la clase media electora. Las suegras y suegros de este país prefieren yernos como duque a yernos como Petro.

Como Colombia es un país de apariencias liberales y mente conservadora, los gobiernos han sido fundamentalmente de derecha, de manera que mientras el fantasma de una izquierda fanatizada siga asustando a la centro derecha, su instinto natural la hará votar inclusive por aquéllos personajes que en otras condiciones no lo haría. Para volver al libretista, cada vez que Gustavo Bolívar ensayaba su cara compungida y decía que su agenda legislativa sería llevar preso a Álvaro Uribe, yo veía cómo amigos de centro que nunca habían votado por Uribe se iban corriendo hacia la derecha del sofá hasta terminar votando por Duque.

Sin embargo, sintámonos universales y globales y digamos que esto no es un fenómeno colombiano, sino que hace parte de la tendencia mundial. En la siempre agresiva competencia electoral norteamericana ya lo han advertido de lado y lado; el analista demócrata Charles Sykes dijo que el fanatismo de izquierda es la fuerza dinámica esencial que juega en favor de la reelección de Trump, cuya base de apoyo es inamovible, mientras que la demócrata es variable, el presidente no tiene que ganar nada, solo dejar que los demócratas pierdan espacio entre los sectores más de centro que podrían votar por Trump; “hay millones de votos cambiantes que ven a Trump como una abominación, pero votarán por él porque ustedes [la izquierda radical] son más temibles, extremos y peligrosos o simplemente más molestos y sin carisma”. No está diciendo que en efecto así sea, sino que así parece a los votantes que cambian su voto entre elecciones. En el mismo sentido ha hablado Jonathan Cowan, director de Third Way, diciendo que la izquierda estaba dedicada a hacer más demócratas a California y Nueva York en vez de ganar a los estados pendulares de Iowa o Minnesota.

Un escritor satírico republicano, PJ O’Rourke clamaba por un candidato demócrata que captara a ese votante de derecha moderado porque para éstos, Trump es una desgracia peor que para los demócratas, pues para los primeros Trump como presidente es como tener un borracho meandose en la puerta de la casa, para los republicanos moderados es como tenerlo meándose en la sala.

Al caer en la misma verborrea insultante, quienes dicen encarnar la izquierda no hacen más que garantizar el triunfo de sus antípodas.

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