El efecto Bader Ginsburg

Septiembre 20, 2020 - 11:55 p. m. 2020-09-20 Por: Guillermo Puyana Ramos

El fallecimiento de la juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, tiene enormes implicaciones políticas en un país con una de las elecciones más extrañas que pueda registrar la historia política de una nación importante. Fue una juez maravillosa, se escribirán libros y se harán películas sobre ella, de hecho, la única justice cuya vida ha sido llevada al cine en ejercicio.

Con su muerte además Estados Unidos pierde otro de sus anclajes morales, algo que viene pasando a un ritmo acelerado muy preocupante. En julio John Lewis, hace dos años John McCain, reemplazados por personajes que no les tocan los talones políticamente y quedan bajo sus pies en términos éticos.

No obstante que el desafío del presidente Donald Trump a todos los esquemas de la teoría política puede dar frutos por sí sola, apelando a los profundos sentimientos de desprecio de la mayoría electoral republicana contra los demócratas, no hay que desconocer que en un escenario dividido tras una presidencia de resultados bastante mediocres, se trata de una apuesta riesgosa. Cierto que no estamos en las mismas circunstancias de 2016 cuando el Presidente era candidato, pero Trump expuso las fallas de los modelos de la teoría política y dejó por el piso la semiciencia de las encuestas que fueron incapaces de interpretar y captar lo que estaba pasando. Eso puede estar pasando nuevamente y la muerte de Ruth Bader Ginsburg puede ser el mayor aglutinante de las elecciones de noviembre.

Un segmento muy grande del Partido Republicano votará por Trump tapándose la nariz y los oídos y cerrando los ojos por una simple razón: no quieren un demócrata en el poder sea quien sea, por eso los índices de identidad política de los prospectivos electores de Trump son más altos que los de Joseph Biden, a quien muchos apoyan porque no quieren a Trump pero no por ser demócratas.

Ahí es donde se vuelve electoralmente importante Ruth Bader Ginsburg, porque abre paso a la nominación de un juez y la configuración de una mayoría conservadora en la Corte Suprema y el control ideológico por décadas del máximo órgano de decisión de temas que son profundamente queridos por los electores americanos: aborto o libertad de elección, derecho a tener armas o prohibición, facultades ejecutivas o parlamentarias, derechos de los Estados o federales, libertad de expresión o discurso limitado por el honor individual.

Los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos ejercen su cargo de manera vitalicia y suelen ser nombrados con alrededor de 50 años, como pasó con la misma Bader Ginsburg o el último nominado Brett Kavanaugh. Eso garantiza estabilidad jurídica si la Corte tiene una composición mayoritariamente de una tendencia y algo de equilibrio si hay un juez que en algunos temas vote por fuera de su corriente ideológica, definiendo el curso de los grandes debates de la política americana por décadas.

Un presidente dura 4 años, un magistrado décadas, por eso en este instante para un segmento de la sociedad elegir a Trump no es importante por lo que represente, sino porque puede nominar el reemplazo de una jueza liberal. Además en otros cuatro años puede darse el reemplazo de otro conservador, Clarence Thomas, y otro liberal, Stephen Breyer quien ya tiene 82 años.

La decadencia moral de los Estados Unidos en cabeza de Trump es un tema menor ahora con la perspectiva de que el pensamiento conservador está a puertas de prevalecer en la Corte Suprema y consolidarse por décadas independientemente de quién sea el presidente. Trump encontró su gran electora y su único papel será cerrar el cerco conservador a la Corte Suprema.

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