Ciencia contra el virus

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Ciencia contra el virus

Febrero 23, 2020 - 11:55 p. m. Por: Guillermo Puyana Ramos

Con la llegada de la primavera y un clima más cálido, las condiciones para luchar contra el Covid-19 mejoran ostensiblemente, pero es claro que la caída en las cifras de viralidad y mortalidad en los últimos días en China se debe a una combinación de estrictas medidas de aislamiento y cuarentena ordenadas por el gobierno y avances científicos y tecnológicos algunos logrados en cuestión de días.

Desde que la mortalidad diaria del virus en China llegó al pico de 254 muertes el 12 de febrero, el número de muertos diarios ha ido cediendo, lo mismo que la cantidad de nuevos casos positivos en pruebas de laboratorio, no solo por el diagnóstico clínico. La ciencia china ha pagado un alto precio con la vida de personal médico en la primera línea de batalla frente a un virus nuevo que parece tener un comportamiento errático. Los avances se han dado porque las decisiones se toman con base en lo que la ciencia indica y no con la presión política o la superstición porque, como dijo Lizette Woodworth Reese, la superstición enciende sus velas por todas partes, pero llega la vigorosa verdad y las apaga.

Empecemos por lo más politizado: las medidas de aislamiento y cuarentena que, según los escandalosos titulares de CNN y otros medios occidentales, son acciones autoritarias supuestamente para desinformar sobre la situación real. Sin embargo, la guía técnica emitida por la OMS el 31 de enero, recomienda como medida mínima que “los contactos deben viajar y desplazarse lo menos posible”. El aislamiento es de hecho más efectivo que usar máscaras; la misma OMS ya había advertido que su uso generalizado inducía el desperdicio de recursos “no hay evidencia de su utilidad en personas no sintomáticas” dijo el 29 de enero, y creaba la idea equivocada de que no eran necesarias medidas de higiene básica como lavarse las manos con jabón desinfectante, así como evitar las aglomeraciones cuya eficacia sí está relacionada con la contención del virus.

China siguió los protocolos de la OMS y fue más estricta, pero la base de la decisión fue la ciencia, no la política. La aplicación de la ciencia y la tecnología ha sido igualmente sorprendente, desde el aislamiento de la primera cepa del virus para ponerlo en una base de datos mundial para que decenas de miles de científicos compartieran información, hasta la construcción de hospitales en diez días, pero incluyendo la robótica en el suministro de medicamentos reduciendo los riesgos de contagio para el personal médico y cámaras purificadoras de aire electrostáticas que funcionan con ozono y demostraron su eficacia en la eliminación del virus.

Haber actuado de manera contraria puede ser la causa de la expansión del virus en Italia, Corea y Japón: los pasajeros del Diamond Princess no tuvieron medidas de cuarentena reales, pues siguieron asistiendo a bailes y cenas en el crucero y los tripulantes sintomáticos compartieron camarote con los sanos. En el caso de los extranjeros que salieron de Wuhan hacia Ucrania para ser recibidos a piedra es otra muestra de cómo la politización produce efectos indeseados, como el racismo y la xenofobia. Hubiera sido mejor que se quedaran en Wuhan hasta que la crisis se superara, como debieron hacerlo los colombianos en vez de generar una presión para un operativo que se presentó como si fuera de rescate.

Vamos a ver cómo titulará CNN el aislamiento que ya está imponiendo el gobierno italiano a ciudades enteras, o el seguimiento en Corea a una comunidad religiosa en cuyos ritos masivos se expandió el virus, pues el doble estándar realmente funciona en dos sentidos.

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