Oasis

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Octubre 13, 2019 - 06:15 a. m. Por: Gonzalo Gallo

Un samurái fue a cobrarle a un pescador el dinero que le había prestado, pero este no tenía dinero, temió y se escondió.

El guerrero lo buscó airado y cuando lo encontró, desenvainó su espada y gritó: ¿Qué tienes para decirme?

- Lo siento, dame tiempo y te pagaré. Sigue el dicho de la mano vacía: “Si alzas tu mano, aquieta tu genio; si tu genio se alza, aquieta tu mano".

El samurái quedó pensativo, envainó su espada y dijo: bueno, tienes razón. Esperaré y volveré en tres meses.

Llegó a casa de noche y, sorprendido, vio a su esposa durmiendo y el contorno impreciso de otro samurái a su lado.

Lleno de furia sacó su espada, pero recordó al pescador: “Si tu mano se alza, aquieta tu genio; si tu genio se alza, aquieta tu mano”.

Se calmó, miró bien y vio a la esposa al lado de su propia madre que se había puesto ropas del hijo para cuidarla y asustar a otros.

Entonces dio gracias por calmarse por la sabia lección del humilde pescador y por su buena madre. Decidió esperar sin ira y se dio cuenta que en la vida había cosas más valiosas que el dinero.

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