Oasis

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Octubre 23, 2018 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

La sicología muestra que al educar, las recompensas pueden reducir nuestra motivación y gozo naturales.

Un niño al que le gusta dibujar y recibe una paga por hacerlo, dibuja menos que el que no recibe nada.

Ese se llama ‘efecto de justificación excesiva’: la recompensa externa eclipsa la motivación interna del niño.

La recompensa también limita la creatividad o campo de visión y el cerebro deja de cavilar con libertad y no ve las posibilidades.

Castigar y premiar se basa en esta suposición negativa: debo controlar o moldear a mi hijo que no tiene buenas intenciones.

No, mira a tu hijo un ser bueno, capaz de ser empático, cooperar, trabajar en equipo y esforzarse.

Esa perspectiva cambia todo, de manera poderosa y lo amas y lo educas sin frenos o condiciones.

Cuando eres comprensivo y realmente escuchas a tu hijo, es bien probable que él te escuche.

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