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Julio 02, 2020 - 11:30 p. m. Por: Gonzalo Gallo

El 11 de febrero de 1990 el líder sudafricano Nelson Mandela dejó la cárcel tras 27 años de duro encierro.

La reclusión fue terrible 18 años, con maltratos, aislamiento y dolor, en una lúgubre prisión de la Isla de Robben.

En una celda diminuta, con una pequeñísima ventana, sin siquiera un colchón. Solo 2 visitas en el año de media hora.

Mala comida y la única actividad para los presos era ir a una cantera a picar piedra bajo un sol calcinante.

En ese antro nada parecía posible, pero Mandela nunca perdió la fe y jamás se contaminó con el odio. Escribió:

“Yo era arrogante. Mis 27 años de cárcel me hicieron comprender lo importante que es la tolerancia y que no hay que tener amargura.

El aislamiento en el calabozo es el lugar idóneo para conocerte a ti mismo. Me dio la oportunidad de meditar y evolucionar espiritualmente”.

Nelson Mandela es un ejemplo admirable de perdón, fe, coraje y liderazgo. En 1994 asumió la presidencia de Sudáfrica.

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