¿Se suicidaría?

¿Se suicidaría?

Octubre 22, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Existen multitud de razones para pensar en un suicidio. Desde religiosas, pasando por políticas hasta personales y simples. La frustración es uno de los mas fuertes ‘motivadores’. No soportar que las cosas no resulten como se espera puede desequilibrar hasta el punto de querer desaparecer. ¡No va más! ¿Para qué seguir cuando no vale la pena? Cuando no hay nada que dé sentido a lo que se vive.

Con base en esas reflexiones, no sorprende que en algún momento de la vida no haya pasado por la mente la idea del suicidio. ¿Y si muriera? Existe la suposición que acabada la vida, terminan los problemas. Además las contradicciones religiosas están ‘obligando’ a muchos a caer en un escepticismo galopante. No existe un ‘mas allá’, no existe Dios (¿si sus representantes hacen lo que hacen, cómo creer?) o, si es tan poderoso, ¿por qué ‘permite’ el mal?

En ese orden de ideas, el suicidio no parece tan descabellado. El cuestionamiento a las religiones, el despertar para no creer tan sólo por miedo o inseguridad, los adelantos científicos, Dios no existe, la información desbordada, la prepotencia humana (se dispone de la vida y se escoge cuando morir), múltiples factores que abren más la puerta para decidir voluntariamente poner fin a la vida.

De acuerdo a la edad, las motivaciones varían. Para los jóvenes que comienzan, sentir que no hay nada por qué vivir. A propósito, ¿qué tan válido es un estudio que relaciona el niño no deseado con mayores tasas de suicidio? O, rodeados de situaciones familiares conflictivas, los líos de papá (¿existe?) de mamá (¿dónde está?), la violencia intrafamiliar (dizque son los que más quieren y cuidan de mí), el futuro aparece como una mancha oscura y tenebrosa. No tiene sentido prolongar algo que no va para ningún lado. Los jóvenes dicen que no pidieron que los trajeran al mundo y en esta cloaca no vale la pena continuar. ¿Por qué no morir ya?

Los mayores lo pueden considerar por físico desgaste. Para qué más de lo mismo. ¿Por qué prolongar el sin sentido de una vida vacía, fracasada, donde no se logró lo que se esperaba? Las frustraciones, los sueños congelados, la desesperanza, el desamor, todo un coctel de razones donde no hay por qué vivir. El suicidio aparece como una salida, desesperada pero salida, a un sin sentido de vida.

Para escapar de ese hueco de desesperanza existen dos posibles caminos: sentido de trascendencia, creer en un más allá, creer en procesos de evolución a través de muchas vidas, o dedicarse al servicio de otros a los cuales se les pueda alivianar el dolor. Salirse de uno mismo, de la propia angustia o desesperanza y servir al otro, es una manera sanadora de darle sentido al existir.

Un suicidio es más angustiante para los que quedan que para el que se va. Él ya vivió su calvario. Posiblemente en silencio, confundido, en una desesperanza total: la idea del suicidio se acrecienta en la medida en que la persona se encierra, construye explicaciones y respuestas desde su propia angustia sin permitir airearlas con alguien diferente a su propio yo.

Abrirse a otro puede facilitar oxigenación en la oscuridad de la mente. No es fácil. El suicidio en definitiva es un desafío a la ciencia, a la cultura y a la información. No se está exento de que pueda suceder en el entorno. Hay que poner cuidado.

Sigue en Twitter @revolturas

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