Quejarse

Quejarse

Enero 29, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Sí, en las redes hay luces y sombras. Existen reflexiones maravillosas como también puede encontrarse toda la podredumbre posible. Cada quien tiene la libertad y el compromiso consigo mismo de escoger. Por algo existe el libre albedrío. Pero hay un video tan claro y contundente que no merece ninguna interpretación distinta de mirarse en él como en un espejo. Un niño dice: “Qué es aquello que practicas todos los días”. Y luego concluye: “Lo que hagas a diario es en lo que te volverás un experto. Si a diario te quejas, te volverás muy bueno en ello, en quejarte. Te volverás tan bueno que encontraras algo malo en cada cosa aun cuando no existe ninguna falla o defecto a la vista. Te volverás tan bueno, que tú al ser experto, la encontraras”.

Y pareciera entonces que este es el deporte nacional, aquel en que somos expertos. ¡Quejarnos! Cada día lo practicamos más. Nos quejamos de todo. Siempre mirando el vaso medio vacío. Antanas Mockus hace unos años dijo: “Si en un salón de 500 bombillos hay uno fundido, tenemos la tendencia de maximizar ese 1 fundido, por encima de los 499 prendidos”. Somos expertos en señalar lo que falta, lo que se daña, el error, la equivocación.

Ah, bueno, me podrían refutar. “¿Y qué tiene eso de malo? ¿Acaso no contribuimos a que las situaciones cambien? ¿Señalando los errores no obligamos a que los hechos se modifiquen?”. Es posible que pueda darse algún movimiento externo, pero nada lo asegura. Lo que sí está completamente garantizado es que la quejadera le hace muchísimo daño a quien la practica. No logra modificar el afuera pero envenena el interior. Es como vivir en un basurero, rodeado de pestilencia, toxicidad y ambiente pesado. Es el alma (¿tiene?) la que se le enferma. De esta manera todo a su alrededor empezará a resonar en esa misma frecuencia. La quejadera produce resultados inmediatos, atrae más errores (eres experto en identificarlos) y como miel a las moscas, a su alrededor siempre sucederán hechos nefastos.

¿Nunca se ha preguntado por qué hay gente a las que las cosas siempre le salen? ¿Por qué existen personas a las que pareciera nunca les suceden hechos por lamentar? Viviendo en el mismo país, en la misma región, en el mismo lugar. ¿Por qué? ¿Mala suerte, destino, ‘castigo divino’?

¿Por qué practicamos la quejadera? ¿Por qué nos volvimos expertos en el tema? Pueden existir múltiples interpretaciones pero una de las básicas es que no soportamos la frustración. Fuimos educados para vivir en un mundo perfecto, en un mundo maternal de satisfacciones y fantasía, por tanto la realidad nos asusta. O la evadimos (fiestas, rumba, trago, carnavales, ferias, ‘no quiero ver’) o nos quejamos reclamando que ‘alguien’ solucione aquello que no soportamos. No es fácil enseñar frustración pero es la materia obligatoria de la condición humana. Y en nuestro ‘pensum’ colombiano no registra esa ‘asignatura’. Los medios son expertos en señalar una y otra y otra vez, aquello negativo que ha sucedido. Se repiten las imágenes, se repite la temática, se carga de negativismo. Aun cuando le parezca absurdo llenarse de pensamientos negativos (lo dice la ciencia, no sólo las religiones o filosofías) es rodearse de negativismo. El pensamiento es energía y pensar negativo hace que se resuene en esa onda. Usted decide…

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