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Matones

Noviembre 09, 2020 - 11:35 p. m. Por: Gloria H.

El balance de la semana pasada tiene dos características: la pérdida de Trump y el proceder de los medios. Hay un factor común entre ellos. La manifestación y aceptación social del ‘matón’ como comportamiento admirado y envidiado. Los ‘matones’ son la nueva manera de sobresalir en el mundo. Una nueva raza de seres humanos. Pareciera que son la política y el periodismo los que los están engendrando. Entre estas dos profesiones se disputan su paternidad. El ‘matón’ llega a ser un modelo porque no tiene límites, viola las normas, es dueño y señor del mundo y sobre él no hay ninguna medida de control. ¡Es el matón! Su soberbia le da licencia a su actuación.

¿Por qué el periodismo o la política son sus patrocinadores? Porque son los oficios donde se espera encontrar aplausos, reconocimientos, miradas y protagonismo. Al igual que el sacerdocio puede llegar a ser una profesión atractiva para que algunos-muchos puedan esconder o disimular sus frustraciones-patologías-miedos, (de allí el desarrollo de la pederastia), la política y el periodismo pueden ser el escenario ideal para todos aquellos que no fueron mirados ni reconocidos y ahora necesitan desesperadamente reconocimiento, aprobación y aplauso. Cada vez es más necesario recurrir a la historia personal y al mundo de las emociones para acercarse a una explicación sobre el comportamiento humano. La necesidad de reconocimiento es de tal magnitud que se pierde el sentido de las proporciones. No hay contacto con la realidad solo el ego herido y para ‘compensarlo’ cualquier actitud es válida.

Como por ejemplo el victimismo. Y aquí entramos a mirar a los periodistas cuando reciben dosis iguales a las que han propiciado. Ahora sí, son humanos, se equivocan e imploran una mirada de comprensión. Es la victimización. Todavía recuerdo la ira de Luis Carlos Vélez cuando comenté su desempeño en noticiero de Caracol (‘notimiseria’) en el 2014. “De qué está hecho” me preguntaba. Pues no dudó en llamar a amenazarme por haberme atrevido a tanto, es decir por haberlo cuestionado. Hoy, frente a las redes ‘lidera’ una campaña contra el matoneo. Hoy pide detener la infamia. Hoy no resiste la crítica.

Claro, también hay ‘matonas’ (¿se dice así?), mujeres que atropellan, ‘disparan’ para todo lado y luego, cuando se les reclama su actuar, o se señala un defecto o una incoherencia (que los deben tener), viene la victimización. Ahora sí apelan a la compasión. Ahora sí son seres humanos, con vínculos con su familia, ahora solicitan ser cuidadas cuando en su proceder (o en sus palabras) no han cuidado a nadie. Ahora sí sienten, creen que no merecen ser tratados de esa manera. Es una nueva generación de humanos que consideran sus profesiones una patente de corzo para atropellar pero su fragilidad interior es tan grande que no resisten el cuestionamiento. Están hechos para el aplauso, nada más. Lo preocupante es qué tanto estamos educando ‘matones’ desde la infancia.

Trump rompió todos los paradigmas de la decencia, pero es ‘admirado’ por 70 millones de personas. Algunos periodistas denigran a diestra y siniestra y las facultades de comunicación pueden inundarse de individuos que anhelan este escenario. Junto a la próxima pandemia de salud mental está la pandemia de surgimiento de matones. O será la misma.

Sigue en Twitter @revolturas

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