La ley del Talión

La ley del Talión

Octubre 08, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

El gobierno de Iván Duque se siente muy orgulloso de la expresión “el que la hace la paga”. Siendo candidato a la Presidencia la dijo y terminó convirtiéndola en motivador para generar la filosofía de su gobierno. Y aun cuando es necesario hacer justicia y asumir consecuencias de los actos, definitivamente es diferente buscar lo justo a ‘cobrar’, buscando que se pague por los errores. La diferencia está en la intención.

Intención traduce el propósito que alienta la conducta, independiente del resultado. Aún más se puede llegar al mismo objetivo con intenciones diferentes. La intención no es algo que la persona hace, sino una fuerza que existe en el universo como campo de energía invisible. La intención es el propósito que alimenta la acción. Ser cobrador, a cualquier nivel, es uno de los actos humanos más denigrantes. Ni qué decir a nivel emocional. El ‘cobro’ es una retaliación que envenena la condición humana porque habla de la venganza como forma de reparación. ¡Emocionalmente demoledor!

Por ello, no se pueden escribir en el mismo renglón la educación y la venganza. No puedes intentar construir mejores opciones de vida cuando el ‘bichito’ de la retaliación nutre los deseos de cambio. Mejorar y cobrar no caben en la misma línea.

La determinación de aumentar a cadena perpetua la condena de los violadores de niños y niñas, se escucha más como una retaliación que como una determinación acertada. Aun cuando suene muy fuerte, el violador ha sido ‘educado’ en alguna familia o ‘antifamilia’, con cualquier cantidad de problemas a las que la sociedad no le ha dado solución. ¿La sociedad (usted, yo, todos) tendremos ‘algo’ qué ver con la formación de personas enfermas? Ahora, en este mismo momento, existen multitud de otros hogares que están ‘educando’ futuros violadores. ¿Qué se está haciendo en realidad para evitar que el problema continúe? ¿La cadena perpetua es la solución? ¿La pena de muerte lo será?

Somos muy dados a ‘apagar el incendio’ pero no a llegar al fondo del problema. La columna de la exministra Paula Moreno el domingo, refiriéndose a Tumaco, expresa una verdad impactante que muy bien puede aplicarse en este momento. “Muy pocas veces se escucha: vamos a enviar 100 psicólogos, 1000 trabajadoras sociales, 300 artistas, a generar 5000 nuevos empleos para que nos ayuden a reconstruir el tejido social”. ¿Educamos o aumentamos penas? ¿Llenamos las cárceles de delincuentes y…? ¿Existirá cárcel para tanta gente? ¿No será hora de mirar para el comienzo y no para el final?

La idea de perseguir, encarcelar, aumentar penas, no son más que columnas de humo ‘atractivas’ para quienes creen que el miedo es educador de generaciones. No encuentro mucha diferencia entre 60 años y cadena perpetua. Además, existe la enfermedad mental, lo que no significa que no deban asumirse las consecuencias. Pero los enfermos mentales se ‘construyen’ en sociedades enfermas.

La ley del Talión es la oficialización de la venganza, lo más contrario a procesos educativos. Para una sociedad enferma es una solución ‘perfecta’, claro, cerrando los ojos al futuro porque es como alimentar un círculo vicioso. En el otro extremo está la educación. Educar es brindar opciones, dar posibilidades, abrir caminos, reparar, generar esperanza, ofrecer alternativas. ¡Escoja!

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