La familia de Claudia

La familia de Claudia

Abril 30, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

…O de cualquiera está sujeta a esas diferencias. A que un hijo piense de una manera y otro de forma contraria. A que la hija sea uribista furibunda y su mamá resulte petrista consumada. Lo doloroso (que huele a traición) es que la madre recalque su petrismo aduciendo que es mamá de quien se ha caracterizado por un uribismo desbordado y excluyente hasta el punto que contaminó su labor periodística con un sello que terminó perjudicando a su medio de información.

Recalcar que es la madre de Claudia, qué pena, es una forma de venganza sutil contra los planteamientos de la hija. Claro, como lo dice extraordinariamente la caricatura de Mheo, “si a mamá no le gusta el trabajo que hago debió habérmelo dicho directamente”. Al hacerlo público, ‘destapó’ un problema familiar, que ‘huele’ a retaliación. “Para que sepan, soy la mamá de Claudia Gurisatti”. Claro, su declaración importa por ser precisamente su relación familiar la que hace más impactante su adicción a Petro. Pero, ¿contra quién iba? ¿A quién quería lastimar?

Conocí al abuelo de Claudia, Antonio Gurisatti, hace muchos años, al lado de su esposa Lucía (a quien Claudia tildó alguna vez de loca). El Dr. Gurisatti, arquitecto, profesor de la Universidad del Valle, pintaba bellísimos paisajes vallecaucanos. Vivían en el tradicional barrio El Lido de Cali y recuerdo que a la entrada del garaje el Dr. Antonio ‘acumulaba’ un armatoste enorme, un primer modelo de computador, que ya no se usaba pero del que no sabía cómo ‘desprenderse’. Era un hombre cálido, especial, sencillo, sin ínfulas de ninguna clase.

En esa época, sus nietas Claudia e Isabela vivían en Buga, en medio de un conflicto familiar entre sus padres. “A mi hermana y a mí nos secuestró mi abuela paterna y nos llevó a una finca en Los Farallones. Nos tuvo allá tres meses. Mi abuela, la italiano-rumana, era más loca que una cabra.
Ella no era normal. Era brillante, inteligente, pero de impulsos. Y llegó a la casa, mientras mi mamá estaba en la universidad y nos cogió y se perdió con nosotras en una finca prestada. La pelea familiar fue horrible.
El desespero de mi mamá buscándonos, pensando que nos habían sacado del país. Mi papá y mi abuelo no decían nada. Al final, una vecina contó que nos había visto salir, los agentes dieron con quién había prestado la finca y nos rescataron. Mi abuela los recibió escopetada y todo. La detuvieron, pero mi mamá no le quiso poner el denuncio porque le dio pesar y la cosa quedó así. (…) Mi abuela después pidió perdón. Y cuando se enfermó, mi mamá estuvo con ella y la cuidó”. (Bocas, El Tiempo).

¿Qué queda en la familia de Claudia de este asunto? Lo que es claro es que ningún clan es perfecto. Desidealizarlo es parte del proceso de crecer. Pero eso no evita que heredemos los problemas de nuestros antepasados, de nuestros padres y abuelos. ¿Qué tiene Claudia de esta historia? A quién le es leal con su actitud desafiante, ¿a la abuela ‘loca’, a la madre ‘traicionera’?

Sí, hay formas de ‘sanar’ el alma familia a través de herramientas psicológicas como constelaciones familiares. Pero es obvio que en la familia de Claudia todavía existen pendientes que al ser ella tan pública y agresiva se los están cobrando. Empezando por su madre… Claudia pide respeto para ella y su mamá. No es un momento fácil.

Sigue en Twitter @revolturas

VER COMENTARIOS
Columnistas