Claudia Blum

Agosto 31, 2020 - 11:35 p. m. 2020-08-31 Por: Gloria H.

Lo tenía todo. Había alcanzado un lugar y un reconocimiento merecidísimos. En todos los frentes de su vida parecía estar ‘plena’. Así se intuía dada su hoja de vida y su trayectoria. El último acontecimiento público donde la vi fue en la presentación de su libro, en una ceremonia muy cálida, donde no faltaron detalles de admiración y gratitud. Alguna vez alguien me pidió hacer un perfil de su vida y complacida lo escribí. Destacaba precisamente su persistencia, su capacidad de desempeñarse en varios roles. Tiene la combinación de periodista, psicóloga, política, esposa, mamá y abuela, elementos valiosísimos que combinados dan una personalidad arrolladora.

De pronto, vuelve a la vida pública, a servirle al país o (interpreto) a decirle presente a un hombre absolutamente polémico, manipulador y seductor, que a su paso ha arrasado a tantísima gente que, como dicen los adolescentes, le ‘copian’. Basta con mirar cuántos hombres y mujeres han tenido que poner el pecho por él, le cuidan las espaldas o por solidaridad, sumisión, o miedo, pero acabaron sus vidas en la cárcel, o evadiendo la Justicia o enfrentando líos judiciales por lealtad al jefe. (Daría cualquier cosa por oír a María del Pilar Hurtado no tanto desde el punto de vista político, sino el humano: todo lo que sacrificó, ¿por qué?, ¿por quién?).

Claudia, obvio, en términos políticos es ficha de Uribe no de Duque. Está en este gobierno en el puesto de Canciller y dificulto Ministerio más anodino e invisible que el actual que ella está ocupando. ¡Qué pesar! Pero da grima cómo Claudia se fue diluyendo en un lugar que parece invisible, en un oficio que pareciera ‘no se necesita’, donde Colombia como país cada vez pierde más importancia, respeto y prestigio. Desde la inicial conversación con Francisco Santos, pareciera una apuesta para fallar.

Las causas colombianas, que ha liderado Claudia (claro con el libreto impuesto), dan pena ajena. Guaidó y la caída ‘inminente’ de Maduro, la ‘traición’ a la solidaridad de un país como Cuba, el desastre frente a la extradición de Mancus (lo que se salvó por trámites políticos) y para rematar, ahora esta incondicionalidad con Trump y sus decisiones. Lo peor, alineados con un individuo que por donde se lo mire es nefasto. Colombia es cada vez más trumpista arriesgando su futuro si gana Biden. Los demócratas cobrarán este servilismo nacional sin contemplaciones. Allá también deben practicar la máxima ‘el que la hace la paga’.

Claudia invisible. Sé que lo importante no es la imagen ni el reconocimiento sino el servicio, pero ni esto se ve. Mostrar cifras de viajeros traídos en vuelos humanitarios no logra ni siquiera disimular una labor tan anodina. La imagen nacional se diluye y Colombia con este gobierno parece que le apostara a las causas perdidas.

Los sentimientos son encontrados porque como mujer, como vallecaucana, desearíamos que su paso por el Ministerio fuera exitoso y con resultados de política internacional pero no se puede tapar el sol con las manos. Si un Presidente necesita una millonada para mejorar su imagen y si puede llegar a un pueblo que ha vivido una tragedia y vitorear con todos ‘justicia’, no se sabe qué concluir de su actitud: torpe o cínica. Y en este gobierno está Claudia, perdida, invisible y sin norte.

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