Allí estuvimos todos

Allí estuvimos todos

Septiembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Aun cuando puede quedar en el ambiente la idea de que fue un espectáculo reprobable, considero que para la salud mental es más importante gritarlo y exponerlo que callar o guardar. Colombia necesita esta clase de acontecimientos, donde puedan ventilarse los pendientes del alma nacional. Es importante encontrarse también con la miseria de la condición humana. Allí, en el debate del Congreso estuvo una parte de la historia de todos los que hoy nos identificamos como colombianos. Allí estuvieron nuestras preguntas, nuestras rabias, nuestros dolores, los silencios, las injusticias, la impotencia, los errores, las masacres, el abandono, la indiferencia, en fin, allí estuvimos todos. Sentados, presentes o a distancia, vimos el ‘espectáculo’ de la historia nacional, con todos sus aciertos y desaciertos. Vimos a la clase política colombiana acomodándose, desacomodándose, ajustándose, justificando, explicando, culpándose, escurriéndose… pero la clase política colombiana ‘somos todos’ porque de alguna manera nosotros los hemos elegido. Pararse frente al espejo y ‘mirarse’, reconocerse, es un buen ejercicio de autocrítica. El Congreso es la representación de la Nación, entonces, en cada uno de ellos hay algo de nosotros. Vimos afuera lo que somos adentro y este ejercicio no siempre es fácil. Y mucho menos placentero.Pero, repito, necesario. Allí no hubo ni ganadores ni vencidos. Allí estuvo el ‘retrato nacional’ y es valiosísimo encontrar la foto de nuestro pasado para mirar de donde venimos y decidir si queremos seguir por ese mismo camino. Lo que es claro es que hemos convivido con una sociedad que abusa del poder y por lo tanto, genera la discriminación y la exclusión. Pero cuando todos se sacan ‘los trapitos al sol’, nos encontramos que a su manera,’ esta es una historia que ha halado para el lado que le conviene. Como una cobija que cada quien acomoda a su amaño. Tiro para acá o tiro para allá, pero cada quien hala para su conveniencia, para su beneficio. Al final la cobija terminó desgastada, los tapó y destapó a todos, pero nos dimos cuenta de nuestra verdadera dimensión. Supimos cuán manipuladores fuimos, cuán astutos, cuán maldadosos, cuán inocentes, cuán soberbios, cuán corruptos. Sin embargo, mirarse y reconocer es ya un primer paso. Nos podemos quedar en la foto del pasado o empezamos a mirar para adelante.La conclusión es que todas las manos están untadas. O por omisión o por decisión. Pero a cada uno de los que vimos el espectáculo y sentimos que “esa” es el alma nacional, nos queda ahora una decisión. Elegimos perdonar y construir sobre la esperanza o seguimos revolcándonos en el odio y en una historia de miseria y desaciertos. No sólo por nosotros sino también por el mundo que “nos está mirando”. Desde afuera miran la grandeza de territorio que tenemos, nuestro clima, nuestras montañas, los océanos, fauna, flora, la diversidad, miran nuestra condición humana y la oportunidad que nos estamos dando. Siempre escuché, a muchos de los gurús y gente especial que he entrevistado en mi programa de televisión, que Colombia es un país maestro. Me fue difícil aceptarlo pero hoy estoy convencida de ello. Estamos enseñándole al mundo cómo se construyen caminos de paz después de tantísimos años de guerra. Pero cada quien elige cómo quiere contribuir a la paz nacional si revolcándose en el odio y la rabia o entendiendo que queremos reparar y conciliar para que las nuevas generaciones vivan en paz. Es una decisión totalmente individual porque nace desde el corazón. Y allí por más que nos resistamos, sólo tiene capacidad de decisión el propio corazón. El corazón piensa, elige y decide. Escúchalo, escucha a tu corazón y sabrás qué clase de futuro estamos planeando...

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